Como encantador de serpientes que siempre fue, Leonel Fernández diseñó desde muy temprano un plan para poner a la parte más manejable del periodismo nacional de su lado.
Llegado al poder gracias a que, para cerrarle el paso a la presidencia de la República a José Francisco Peña Gómez, Balaguer lo usó de instrumento, desde que llegó al poder se administró para ganarse la amistad de algunos de los hijos de familias propietarias de medios de comunicación.
Leonel usó una doble táctica pues mientras fingía amistad arriba con los hijos de los dueños de comunicación, prostituía abajo a muchos de sus empleados convirtiéndolos en parte de las miles de bocinas compradas con recursos del patrimonio nacional, para que le apañaran o asordinaran las dos décadas de corrupción, impunidad y decricaje institucional que lideró en los 20 años de gobiernos del PLD.
En el segundo y tercer gobiernos de Leonel fue que se hicieron famosas las llamadas bocinas, que luego en los gobiernos de Danilo Medina, Roberto Rodríguez Marchena dijo que los convirtió en microempresarios de la comunicación. Vaya descarada confesión de parte.

Pero puestas en evidencia y desacreditadas las bocinas, algunas coaligadas tras el entramado PLD-FUPU, Leonel ha considerado más rentable a sus propósitos políticos estimular líneas informativas que le sirvan al negacionismo en que se ha enroscado para oponerse a todo cuando provenga del gobierno,
No importa cuan positivo sea, como las propuestas de reformas políticas, económicas y sociales presentadas por el presidente Abinader ante el CES para relanzar al país tras los recesivos e inflacionarios efectos de la pandemia y la guerra en Ucrania, o el Pacto de Nación frente al agravamiento de la crisis haitiana.
La impronta apocalíptica en medios convierte en grandes titulares cada una y todas las falencias propias de un país subdesarrollado, agravadas en las dos décadas perdidas de gobiernos PLD-FUPU pero que ahora se “suben” como si fueran cosas de ahora, y no se enfocan en el aspecto positivo sino en el derrotismo fatalista filosófico de Leonel.
Esos amigotes de Leonel están haciendo el trabajo de aquellos a quienes Balaguer llamaba casandras, aves de mal agüero.
La última especie mediática creada por Leonel son sicarios fuertemente artillados en las redes, especialmente en YouTube..
Esos sicarios tienen portales con excelentes escenagrafías y potentes recursos tecnológicos y se dedican cada día a acribillar reputaciones de funcionarios y acciones y políticas o políticos gubernamentales o a personalidades independientes.
Les da igual decir que Faride se va para la FUPU, que un alemán vino a montar un fraude electoral que descojone las elecciones.
Decir igual que el obelisco hembra del malecón lo voltearon patas arriba o “analizar” que fue por haragana que María dejó de lavar, y no porque se le acabó el jabón.
Yo sin embargo he ganado el secreto debate que tengo con Leonel de que comunicación no mata política, vale decir que no vale la comunicación cuando se hace mala política.
Por eso él, que tanto poder mediático tuvo y aún tiene, no pudo evitar perder a su mejor amigo que fue Danilo; no hizo para que su ex esposa se convirtiera en la primera mujer dominicana en ser presidenta; y expone a su hijo a una derrota sin nombre, que lo entierre a él mismo, al enfrentarlo al poder de la honestidad.
jpm-am


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