Las organizaciones revolucionarias han hecho aportes muy importantes en la historia contemporánea de la República Dominicana, pero no han sabido constituirse en una sólida opción electoral que alcance el poder.
En el país la izquierda luce opaca, desarticulada, atomizada y sin posibilidad de erigirse en opción de poder. Los grupos progresistas son diminutas formaciones partidarias que subsisten a la cola de los dos grandes partidos del país: un pedazo plegada al Partido de la Liberación Dominicano (PLD), ocupando nimios cargos en la administración pública, donde han enganchado a su escasa militancia, y de otro lado, otra porción de partidos izquierdistas a la cola del Partido Revolucionario Moderno(PRM).
Existe una gran dispersión entre el “liderazgo” de la izquierda nacional, donde todos prefieren ser cabeza de ratón y nadie cola de león. Siglas partidarias con no más de diez a veinte militantes, quien la acaudilla se cree que “puede y debe ser” Presidente del país, y que el otro no. Y de inmediato vienen las descalificaciones recíprocas y no se pueden sentar juntos en una misma mesa.
Nunca ha existido un esfuerzo realmente unitario de la izquierda dominicana. Es tal la crisis y falta de visión de esos grupos y sus líderes, que en muchos casos hay una contemporización de la izquierda local con el discurso, la agenda y las políticas neoliberales, con el racismo y la xenofobia, el antihaitianismo, el catolicismo dominante y sus privilegios, con la homofobia, y otros elementos del modelo ultra conservador.
Hay también vagancia y haraganería en los cuadros de izquierda, porque han descuidado el trabajo con las masas, de su organización, de conectar con sus expectativas, anhelos y reivindicaciones, y en fin, se han alejado de los temas fundamentales que preocupan a las grandes mayorías.
Asimismo, no han sabido aprovechar el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, para saber usarlas a su favor en su gestión de comunicación política.
La izquierda en su desorientación ha practicado experimentos que han fracasado, como es el caso reciente de Guillermo Moreno y Alianza País, porque ese «líder izquierdista» su condición de clase y su ego no conectan con las masas.
En resumen, la famélica izquierda dominicana no ha sabido adaptarse a los tiempos, retroalimentarse, cambiar y adaptar a la nueva era los métodos de lucha, y por eso hoy los partidos y movimientos de izquierda en el país son pacientes comatosos.
jpm


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