Los obispos dominicanos han elevado su voz. Pero su clamor no se ha dirigido al cielo, sino que pretende mover conciencias sobre cuestiones graves que atañen a nuestra vida terrenal que se torna
infernal. Han expresado su preocupación por la inseguridad, criminalidad y la corrupción que acogotan al pueblo dominicano.
Es costumbre que los jefes de la Iglesia católica dominicana se expresen con vigor a propósito de la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia, el 21 de enero. La declaración de este año hace recordar la memorable Carta pastoral de enero 1960, la cual hizo tambalear los cimientos de la sangrienta dictadura de Rafael L. Trujillo y su familia.
En esta ocasión, aunque es de inspiración muy espiritual, pues se basa en el Jubileo por la Misericordia declarado por el Papa, el documento episcopal alude a problemas muy humanos, entre ellos situaciones tan calamitosas como el robo en las instituciones públicas, la inseguridad ciudadana, la corrupción en la justicia y el aumento de la desigualdad social.
Los líderes eclesiásticos deploran las falsas promesas que hacen los políticos a la población, a propósito de que en mayo se realizarán elecciones generales en nuestro país. En nombre de la Conferencia del
Episcopado, el documento lo suscriben los diez obispos titulares, tres auxiliares, los seis obispos eméritos y el administrador diocesano de la diócesis de Baní, cuya sede está vacante.
“Los candidatos, en sus discursos de campaña, hablan habitualmente de cercanía, de escuchar los reclamos del pueblo, de tener en cuenta las necesidades de los pobres, ser su “voz” en las entidades públicas que ocupen. Sin embargo, percibimos la devaluación de la credibilidad en el ejercicio de la política”. Es decir, son mentirosos.
La Carta de los obispos explica cómo el robo de los dineros públicos constituye un acto de inmisericordia porque priva a la población de la posibilidad de ver solucionados los problemas que la hastían y satisfacer sus necesidades básicas: educación, vivienda, alimentación, salud, seguridad, justicia, salarios dignos.
Dicen: “La corrupción crea una escandalosa situación de inequidad y desigualdad social, ensanchando la brecha entre personas que se han hecho ricos como por arte de magia, sin otra justificación que haber
pasado por el tren administrativo público y una gran mayoría de personas honestas que apenas logran sobrevivir con el esfuerzo de toda una vida de trabajo”.
El documento de los obispos tiene mucho que ver con el estado actual de la sociedad dominicana. Todos – o casi todos- estaremos de acuerdo con los guías espirituales cuando afirman: “La impunidad y la
complicidad han sido los mejores aliados de los corruptos en los sistemas políticos en todo el mundo”. La alerta ha sido dada; el camino, señalado.


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