Hay una regla no escrita en la política dominicana que todos los presidentes aprenden el primer día: en Santo Domingo el poder se negocia. En Nueva York el poder se enfrenta.
Luis Abinader está de nuevo en Manhattan. En la carpeta dice 81º período de la Asamblea General de la ONU. En la práctica, es la semana más importante del año para sacarse fotos de estadista. Y como todos los años, el ritual se repite con precisión quirúrgica: el presidente llega, el canciller habla, y detrás baja una escalerilla llena de periodistas traídos desde República Dominicana, con cámara, trípode y preguntas ya masticadas.
A tres paradas del tren, en el mismo Bronx donde entregó el pasaporte electrónico como si fuera una dádiva, hay decenas de periodistas dominicanos que llevan 20 y 30 años informando a la diáspora. Que transmiten desde una cabina en Fordham, desde un estudio en Washington Heights, desde un celular en un parqueo de Lawrence. Esos no fueron invitados a cubrir. Fueron invitados a escuchar 15 minutos en una esquina, para la foto del INDEX.
La pregunta que flota en cada bodega es la misma: si aquí sobran periodistas, ¿por qué los traen de allá? ¿Nos temen o simplemente no nos respetan?
La respuesta es más dura que las dos opciones: nos desconfían porque nos temen.
EL PERIODISTA QUE NO DEPENDE ES PELIGROSO
Seamos honestos, el sistema de prensa dominicano funciona sobre la base del intercambio. No es un secreto para nadie. El acceso a Palacio, el viaje presidencial, la publicidad del ministerio, la llamada del consultor. Es un ecosistema de premios y castigos que todos conocen y que todos, en mayor o menor medida, han aceptado.
Abinader no inventó ese sistema. Lo heredó y lo perfeccionó. Su gobierno es quizás el que mejor ha entendido el manejo de la narrativa: una maquinaria pulcra, rápida, con voceros jóvenes que repiten el mismo mensaje en todos los canales.
Esa maquinaria funciona perfecto en Santo Domingo. Pero se rompe en Nueva York.
El periodista dominicano de Nueva York no entra en esa maquinaria. No porque sea más honesto o más valiente, sino porque es estructuralmente independiente.

No vive de la publicidad del Gobierno dominicano. Vive de la publicidad del abogado de inmigración de Queens, del restaurante de Dyckman, de la agencia de envío de cajas de Paterson. No necesita la acreditación de la DICOM para entrar a una conferencia, porque su audiencia no está en el Palacio, está en el tren 6.
No puedes premiarlo con un viaje a Nueva York porque ya vive en Nueva York. No puedes castigarlo quitándole la cuña porque su cuña no viene del Estado. No puedes amenazarlo con no invitarlo la próxima vez, porque él no quiere ir a la próxima vez en Santo Domingo, él quiere cubrir lo que pasa en su barrio.
Para un poder acostumbrado a que todo tenga un precio, un periodista sin precio es un periodista sospechoso. Y lo sospechoso se evita.
EL MIEDO NO ES A LA PREGUNTA, SINO A QUIEN REPRESENTA LA PREGUNTA
¿Qué pregunta un periodista de Santo Domingo traído a la ONU?
«Presidente, ¿cuál es su mensaje principal ante la ONU?»
¿Qué pregunta un periodista de la diáspora que vive en Nueva York?
«Presidente, usted vino a hablar de desarrollo, pero en seis meses la diáspora ya mandó US$6,200 millones en remesas, US$17 millones solo en impuestos por salir del país, y desde enero paga US$51 millones extra por el nuevo impuesto del 1% de EEUU a las remesas. Mientras, mi hermano en República Dominicana solo recibe RD$1,650 de Supérate. ¿Hasta cuándo vamos a ser el cajero automático de un país que nos trata como turistas?»
La primera pregunta genera un titular. La segunda genera una crisis.
Abinader no teme que el periodista de Nueva York sea irrespetuoso. Teme que sea representativo. Cada pregunta de esa prensa es la voz de más de un millón de dominicanos que sostienen la estabilidad cambiaria del país, que mantienen las reservas del Banco Central por encima de los US$14,000 millones, y que sin embargo tienen que hacer una fila de tres meses para un pasaporte, pagar US$200 por un poder notarial y rogar por una cita en el consulado.
Esa voz no cabe en el guion de la ONU. Porque desmonta el relato. El relato oficial dice «vengo a dignificar a la diáspora». La voz de la diáspora responde «no nos dignifique, respétenos».
LA DISCRIMINACION FINAL
Por eso traer periodistas de República Dominicana a Nueva York no es un detalle logístico. Es un acto político de discriminación.
Es decirle a la comunidad más productiva del país – la que aporta el 9.3% del PIB sin pedir nada a cambio – que su mirada no vale. Que su historia no merece ser contada por sus propios cronistas. Que para hablar de ellos, necesitan traductores traídos de la capital.
Es la paradoja dominicana en su máxima expresión: queremos tus dólares, pero no queremos tus preguntas. Queremos tus votos en el exterior, pero no queremos que votes con tu voz. Queremos que vengas en diciembre y llenes los hoteles, pero no queremos que opines en septiembre.
Al final, Abinader hace lo mismo que hicieron Leonel, Danilo y todos los demás. No porque sea malo. Sino porque es lo que el sistema le enseñó: al dominicano de afuera se le celebra, se le usa y se le teme. Pero nunca se le escucha.
Y hasta que un presidente se atreva a aterrizar en el JFK sin su propia prensa, y se siente en una cabina de radio de 2×2 en El Bronx a responder sin filtro, la diáspora seguirá siendo lo que siempre ha sido para el Estado dominicano: un cajero que no tiene derecho a pedir el balance.

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Entregan RD$20.4 millones en bonificaciones tecnificar riego
PROTECOM: ¿protección al consumidor o barrera de tecnicismos?
MP pedirá 18 meses de prisión para médico «vinculada» fraude
Milton Morrison es reelegido vicepresidente de la COPPPAL
Constanza celebra la cuarta edición de El Reto de la Paella
El prejuicio contra los políticos
Cámara SD otorga a Marcos Troncoso premio Armenteros 2026
¡Remontada histórica! Red Sox avanza a los playoffs de las GL
Wellington Arnaud juramenta equipo agropecuario Santiago
Pérez presenta libro sobre el Alzheimer y el rol del cuidador

