Es rucio, no es de paso fino ni tampoco venezolano (1 )

imagen
EL AUTOR es escritor. Reside en Nueva York.

Escuchar artículo

Prefacio

Acepto y admito, que soy un acérrimo enemigo ideológico y político de Miguel Espaillat Grullón, sencillamente, porque lo considero un sofista, un hipócrita, un desajustado mental, un izquierdista retrógrado, un oportunista y un anarquista de las ideas y las palabras. En síntesis y visto desde ese plano, viene siendo el rechazo natural que se produce entre el agua y el aceite.

Leo sus artículos llenos de alevosía ideológica, de intrigas políticas y de un soberano desdén con la historia y la verdad, todo basado en su peregrina intención de contar y moldear la historia, acomodarla a sus intereses políticos y, peor aún,  engañar con sus artículos de forma aviesa a los lectores. A muchos de sus opúsculos le he salido al frente para demostrar sus contradicciones y carencias históricas de acuerdo a los hechos acontecidos.

Este caso no iba a ser diferente, pero debo admitir que con su recién ensayo «Burro Masburro, o caballo de paso fino», publicado en ALMOMENTO.NET el pasado sábado 4 de diciembre 2021, (1) él ha roto su propio récords de mentiras, tergiversaciones, fábulas, manipulación y engaños para confundir, una tarea que siempre es inherente en los comunistas.

Honestamente, aquí él se pasó la barda sin haberse rasgado la piel y llegó a lo irrazonable y al paroxismo, pues lo escrito en este artículo lo considero un real esperpento, una locura, una burla a la sensatez y una exaltación cuasi paranoica a un ridículo, un Cantinflas político y un analfabeto funcional.

Se entiende que podamos identificarnos con un representante político o ideológico, pero de ahí a darle méritos que no tiene, salvaguardar y justificar sus errores, crímenes, abusos, vulgaridades, su ignorancia supina, magnificar lo que no es y convencer a los demás a que vean lo que no existe, eso es ser un cortesano sin escrúpulos, inmoral y sin ética alguna y, peor aún, de una persona que se considera (así lo ha escrito él) un intelectual cuya capacidad está por encima de los demás mortales y lectores de este diario. Si eso no es ser descarado ante la opinión pública, entonces la vergüenza y el decoro al escribir hace tiempo se la comieron los burros.

Ha sido, es y será un rucio

Al menos, he sido más indulgente que el propio Miguel Espaillat al referirme al írrito e ilegítimo que a destruido a Venezuela desde el Palacio de Miraflores. En vez de escribir «burro» lo he llamado «rucio», aunque es lo mismo, su semántica es más digerible. Pero, ya que hablamos de «burro», es bueno explicar algunas cosas que implica ese término y que viene a demostrar que el autor del artículo de referencia es un mentiroso patológico, un talibán y un sofista de la palabra escrita.

A lo largo de la historia, el burro ha sido un  símbolo de la ignorancia y de la terquedad y, cuando enjuiciamos a una persona con esa acepción, es porque su conducta, manera de hablar, de pensar y decir las cosas, reflejan esos calificativos del animal. La fama de burro con ese comportamiento comenzó en la Grecia Antigua y se le consideraba como un animal testarudo, torpe y difícil de enseñar.

En efecto, alrededor del año 600 a.C ya se le trató en la historia como estúpidos e ignorantes en referencia a otros animales. Esopo en una de sus fábulas narrativas ya lo menciona vestido de león para asustar a la gente. Posteriormente, lo mismo hace Fedro en el siglo I y hasta eI francés Jean de la Fontaine en el siglo XVII.

Los adjetivos que llevaron a convertir al équido en símbolo de estupidez e inepcia, empezó aparecer con fuerza en el siglo II. La expresión «cogitatio» (razonamiento del burro en latín) era parte de la obra de Lucio Apuleyo, autor de «El asno de Oro» (Asinus aureus) que trata sobre un hombre convertido en burro.

Explicado esto y la manera en que el burro ha sido visto a lo largo de la historia, paso a referirme al rucio que, investido de manera ilegítima a deshecho a una nación la cual, asentada sobre una inmensa riqueza mineral y que, bajo la égida de ese equino con figura humana la ha convertido en una nación paupérrima, sumida en la pobreza y la que en la década de los 70, fue la meca de la migración latina que iban a buscar trabajo y tener un mejor nivel de vida con un barril de petróleo a unos $10 dólares.

Fuera de toda lógica razonable e inexplicable, Miguel Espaillat Grullón, el inefable comunista que lleva 4 décadas viviendo y «sufriendo los embates del capitalismo salvaje y degradante» en el condado de El Bronx en la ciudad de New York,  se ha destapado en su papel de un cortesano al mejor estilo de Damocles con Dionisio, con un artículo en donde ha resaltado como un ser «brillante, tribuno, orador y dotado con una inteligencia y un carisma excepcional que mueve multitudes» a un rufián, asesino, ruin, abusador, troglodita, truculento y Australopithecus, como lo es el autobusero nacido en la ciudad de Cúcuta, Colombia.

Para comenzar, debo reiterar y calificar como una mentira que el truhan de Miraflores haya nacido en Caracas, Venezuela, como afirma Miguel Espaillat al comenzar su exposición. Pero, eso lo dejaré para la segunda parte de esta opinión, porque me voy a concentrar en las «virtudes y cualidades sobresalientes» que él escribió  en torno a la figura de su amado líder chavista que desgobierna la patria de Antonio José de Sucre y Alcalá, El Gran Mariscal de Ayacucho.

El resumen de Miguel

Me parece que la parte fundamental de su artículo, es el resumen que él hace en la exaltación -inmerecida por supuesto- del granuja de Miraflores. Es evidente que lo escrito aquí es una mera especulación sin sentido, carente de veracidad ante los hechos y fruto de una mente mezquina, dogmatizada y proterva como la que tiene El Marqués del Bronx. No puede haber otra explicación ante tal desacierto.

Afirmar y decir que el exconductor de autobús en Caracas es de «carácter excepcional, que tiene una inteligencia natural y que es un tribuno que mueve multitudes», lo considero una ofensa a la inteligencia de los amables lectores y una falta de respeto a la ética que debe primar cuando se escribe a la consideración de la opinión pública.

Cuando un escritor trata de glorificar de manera grotesca la figura política de una persona que en su conducta ha demostrado ser un verdadero patán, se incurre en una charlatanería, es un prosista irresponsable, en un trolero y un tergiversador como lo ha sido siempre Miguel Espaillat Grullón.

Ser un tribuno y un orador elocuente que mueva multitudes, no es poca cosa para que esa cualidad excepcional en algunos pocos, sea pisoteada vilmente como lo ha hecho Miguel Espaillat. Pretender que el grotesco y chocarrero dirigente chavista tenga tan siquiera el calificativo de tribuno y orador como  lo fueron: Pericles, Cicerón, Aristóteles, Demóstenes, Winston Churchill, Abraham Lincoln, Nelson Mandela, Mahatma Ghandhi, Jhon F. Kennedy, Martin Luther King Jr., eso es indignante e inadmisible.

Y para no irnos más lejos de nuestros lares, sería una deshonra pretender sentarlo en la mesa de Fernando Arturo de Meriño (Pico de oro), Eugenio Deschamps, Luis Conrado del Castillo o Joaquín Antonio Balaguer y Ricardo, este último, considerado el más brillante orador y tribuno dominicano del siglo XX. Me pregunto: ¿qué habría tomado o ingerido Miguel Espaillat Grullón cuando escribió este desparpajo de opinión?

Los comunistas tienen un problema con la interpretación en torno a sus líderes: lo enaltecen de manera brutal y sin tomar como referencia lo que hacen o dejan de hacer. Para esos alucinados como Miguel Espaillat, ellos son seres impolutos, diáfanos, únicos, incorruptibles, excepcionales, infalibles y cuasi divinos. Así hacen ver a los Castro en Cuba, a los Chávez en Venezuela, al pedófilo de Ortega en Nicaragua, al indio Evo en Bolivia, a los Kim en Corea del Norte -considerados como dioses terrenales- y a Mao Tse Tung en la China Popular, a pesar de haber asesinado a 78 millones de ciudadanos chinos.

En el párrafo 13 y siguiendo con su frenesí, hace alusión a la «pobreza limpia y gloriosa» de su admirado bergante, haciendo notar que no obstante ello, ha calado posiciones altas en la Venezuela chavista. Sin embargo, en uno de sus artículos anteriores el cual yo le rebatí, al referirse a Jorge Pedro Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura (2010), quiso denostarlo diciendo que: «él venía de una familia pobre en Perú», como si eso fuera un delito (algo que tan poco era cierto).

La diferencia para tal criterio, es que Vargas Llosa en un demócrata y el bribón chavista es un comunista y por ende, la pobreza de ambos tienen calificativos distintos según la dialéctica y el cristal con el cual ve el mundo a su manera Miguel Espaillat Grullón.

Cabe destacar que, en los regímenes totalitarios como el de Venezuela, los cargos públicos que hace alusión el autor como Palmarés de éxito del troglodita de Cúcuta, no tienen nada de extraordinarios, pues eso es común y los cargos se reparten en virtud de los requerimientos políticos y las circunstancias. Solo se requiere ser alabardero e izquierdista. En torno a la ONU, es entendible  por su posición en la cancillería, lo mismo que todas esas organizaciones de corte izquierdistas. !Imagínense, que Cuba forma parte del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU.! Como diría un buen cibaeño: «Gran cosa lleva el Juma».

El párrafo#15, lo considero el más irreflexivo, insultante, absurdo y patético de todos. Refiriéndose al dictador de Miraflores, el autor dice (cito): «Es un orador de alto vuelo, se la puede pasar hablando ante las cámaras o multitudes hasta tres horas desarrollando un discurso improvisado, sin auxiliarse del telepronter o de un solo papelito sin caer en lagunas discursivas de lo que trata» (cierro cita).

Habla de sus «cojones» y su «integridad» y califica de «tarados y buenos para nada» a los hijos de los padres que no son chavistas ni comunistas. Si este razonamiento no es fruto de un intolerante marxista, exacerbado, irreverente e irrespetuoso con aquellos que no se alinean con sus ideas, no sé lo que es. En cuanto a los aparentes «cojones» que tienen estos dictadores asesinos, en la segunda parte explicaré el porqué de ello y que eso nada tiene que ver con esa supuesta valentía que le endilga Miguelito.

Epílogo 

A lo largo de la historia política, ha quedado evidenciado que los comunistas  -como Miguel Espaillat Grullón-, viven desde hace 104 años sumergidos en una burbuja idealista,  en un mundo utópico y en una ideología surrealista. Tienen la negación como arma política, no admiten sus errores, fracasos y para justificar su incapacidad, tienen a su culpable favorito: los Estados Unidos de Norteamérica. Pero, en este epílogo no voy a entrar en disquisiciones, sino más bien, en demostrar las falacias escritas en el artículo que hoy cuestiono.

En efecto, de acuerdo a lo escrito por Miguel Espaillat Grullón de que el dictador de Venezuela es (cito): «un orador, un tribuno, un referente mundial, elocuente, capaz y con una inteligencia lógica, verbal y sólida», me voy a remitir a una evidencia visual y auditiva, basada en el adagio que reza: «Una imagen vale más que mil palabras» cita plagiada y cuya génesis lo fue la frase del dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen, cuando dijo: «Mil palabras no dejan la misma impresión profunda que una sola acción». https://www.youtube.com/watch?v=_w1sxFO-Qxc

Invito pues a los amables lectores de este diario, a que vean y escuchen el video que  presento y juzguen si las alabanzas y elogios escritos por Miguel Espaillat Grullón a la figura del dictador de Venezuela se ajustan a la verdad o son una sarta de mentiras o si es un asno que no llega a caballo y menos de paso fino. ! Sean ustedes el jurado !.

Datos de referencia: 

¿Burro Masburro, o caballo de paso fino?

jpm-am

 

Compártelo en tus redes:
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.
5 1 vota
Article Rating
guest
72 Comments
Nuevos
Viejos Mas votados
Comentarios en linea
Ver todos los comentarios