Cuando hace unos días me enteré del fallecimiento del doctor Luis José Soto Martínez, ocurrido en Santo Domingo, lo primero que llegó a mi memoria fue una de las anécdotas más coloridas de este eminente cardiólogo relacionada con su estadía en España a mediados de la década del 50.
Soto Martínez nació en San José de Ocoa en 1930, se graduó de médico en la Universidad de Santo Domingo en 1952 y pronto fue a Madrid, España, a estudiar cardiología en el Instituto Jiménez Díaz, hospital universitario de mucha solvencia.
Estando en esa ciudad, donde había varios estudiantes de su país, se produjo la muy promocionada visita a España del generalísimo Rafael L. Trujillo Molina, jefe de Estado de República Dominicana.
Trujillo llegó el 2 de junio de 1954 y pasó casi dos semanas realizando múltiples actividades en suelo español. Días antes de su llegada, Soto Martínez fue testigo de un hecho jocoso que contaba frecuentemente.

Lo explicaba así:
“La Embajada dominicana estaba ubicada en la calle Serrano esquina Hermosilla, en el centro de Madrid, y ahí íbamos algunos de los estudiantes dominicanos un sábado sí y uno no, porque los periódicos dominicanos llegaban y los jóvenes íbamos a leerlos.
Cuando Trujillo fue a España previamente llegó una avanzada.
Por eso cuando a mí me dicen que un Presidente hace una visita sorpresa, yo no se lo creo porque tengo la experiencia de cuando Trujillo fue a España, no fue de sorpresa. Fue una avanzada a estudiar el terreno y a nosotros nos tocó uno de esos días que fuimos a la Embajada por los periódicos, que un miembro de la avanzada estuviera ahí”.
“Frente a la Embajada, en Serrano esquina Hermosilla, había un sitio donde vendían cerveza y los muchachos después de leer los periódicos cruzábamos a beber cerveza y el emisario de Trujillo se fue con nosotros. En el grupo que ya estaba en el lugar había un hijo de Julio Ortega Frier, quien había sido rector de la Universidad de Santo Domingo. Se llamaba Virgilio Ortega, y entonces llegamos al lugar y comenzamos a beber cerveza. De repente a Virgilio se le ocurre decir: ‘amigos mañana llega el Caimán’. Una expresión despectiva de Trujillo”.
“Pero inmediatamente Ortega se da cuenta de que todos los que estamos ahí no somos estudiantes y que hay un emisario de Trujillo. Y Virgilio se puso de pie, cambió el discurso y dijo: ‘sí mis queridos amigos, mañana llega el kind man, el hombre bondadoso, el benefactor de la patria’.
Así que todos brindamos entonces por “el hombre bondadoso”. Es decir, que hábilmente Ortega tornó el término en español caimán despreciativo de Trujillo, en una expresión en inglés que lo elogiaba: kind man.
El emisario de Trujillo no se dio cuenta del hecho y fue de los que aplaudió al hijo de Ortega Frier, contaba Soto Martínez, quien después destacaba la habilidad del estudiante dominicano.

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