Destino dominicano y de los haitianos (OPINION)

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EL AUTOR es periodista, Reside en Juan Dolio, San Pedro de Macorís.

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Todo el que tiene dos dedos de frente, aunque sean escasos en nuestro medio, debe saber que el destino dominicano está atado de forma indisoluble al de los haitianos.

Haití ofrece, de manera barata y excepcionalmente asequible, abundante mano de obra para sectores de nuestra economía que, por las características naturales de su crecimiento hacia niveles más altos, dependen de esa relación, como la agropecuaria y la construcción.

De igual manera, la República Dominicana dispone, en cantidad suficiente y cerca de su frontera con el vecino país, de dos recursos que podrían ayudar a Haití a salir del subdesarrollo: 1) agua para el riego y el consumo humano, y 2)  energía para el alumbrado y para sustentar un relanzamiento de su industrialización.

Ese sería el momento culminante para dos pueblos vecinos, con orígenes y especificidades diferentes, que no son gemelos, pero podrían encontrar una vía de supervivencia y alcanzar un lugar destacado en el concierto de las Américas.

La presente gestión de gobierno de Luis Abinader y el PRM ha sentado las bases para que los objetivos antes enunciados sean posibles. La Providencia ha puesto en manos de las actuales autoridades dominicanas la responsabilidad de adoptar las decisiones necesarias para superar las adversidades y los graves designios de quienes habrían deseado sacrificar a la nación dominicana, con la ayuda de gobernantes recientes del patio, irresolutos y oportunistas, con tal de quitarse de encima el dolor de cabeza que significa un pueblo sumido en el atraso y las graves rémoras sociales.

Un ejemplo de esto último, a juicio de quien escribe, se encuentra en las actuaciones de las administraciones demócratas de Estados Unidos durante las últimas décadas, así como en la negativa de distintos países a recibir grandes contingentes de haitianos. También está la, a su entender, cuestionable vocación de solidaridad de países como Venezuela, Brasil, México, Cuba y Chile, que los expulsan de sus territorios tan pronto llegan, al igual que Canadá, Francia y otras naciones europeas que les dificultan el acceso.

Ha sido necesaria la demostración de fuerza y determinación mediante la construcción de un muro, acompañado de contingentes militares fuertemente armados y avituallados en la frontera, así como la aplicación de una política migratoria pragmática que todavía deberá definirse mejor, para que estas condiciones comiencen a darse.

RÍO ARTIBONITO Y PARQUE GENERADOR DE MANZANILLO

El majestuoso río Artibonito tiene una longitud de 321 kilómetros, de los cuales entre 119 y 156 kilómetros discurren por territorio dominicano, según las estimaciones citadas. Nace en la loma Nalga de Maco, en la cordillera Central, y su cuenca abarca 9,013 kilómetros cuadrados, una de las más extensas de la región.

Antes de desembocar en el golfo de la Gonâve, atraviesa el valle del Artibonito o Plateau Central, donde se encuentran algunas de las llanuras agrícolas más extensas de Haití.

Sus aguas se aprovechan para el riego, aunque de manera rudimentaria, y para alimentar la central hidroeléctrica de Péligre, de unos 30 megavatios, considerada una de las principales fuentes de generación eléctrica de ese país.

Cuando se construya un embalse en el Artibonito, junto con su tributario, el río Macasías, en la zona fronteriza, podría crearse uno de los mayores reservorios de agua de la región, con una capacidad estimada de entre 600 y 900 millones de metros cúbicos, equivalente a unas tres veces la del complejo de embalses Tavera-Bao. Según las proyecciones mencionadas, esta obra permitiría garantizar el riego permanente del Plateau Central y abastecer, mediante un acueducto, las necesidades de agua de la población haitiana.

Hubo que aplicar toda la autoridad del Estado para reivindicar el puerto de Manzanillo y los terrenos adyacentes como bienes públicos, así como para proyectar allí un centro de generación térmica de 1,250 megavatios, compuesto por tres grandes centrales de más de 400 megavatios cada una.

Con esta iniciativa quedaron frustrados, según el autor, intereses vinculados al monopolio y la dependencia energética del Cibao y la capital. El sector privado nacional y extranjero respaldó con sus inversiones la propuesta del presidente Abinader, no por casualidad, pues el parque de generación se encuentra a unos 10 kilómetros en línea recta de las líneas de alta tensión que conectan con Haití.

Una vez creadas las condiciones económicas y políticas, esa infraestructura podría contribuir a abastecer de electricidad al territorio vecino. Para ello, en una primera etapa, bastaría con disponer de unos 250 megavatios, según el planteamiento del autor.

El camino para que estos dos grandes proyectos se materialicen plenamente todavía está lleno de obstáculos. Sin embargo, hay que tener claro que ningún pueblo, por atrasado y confundido que esté, se suicida, y eso no va a ocurrir con el pueblo haitiano.

El actual Gobierno dominicano está haciendo su parte, más de lo que cualquiera pudiera imaginar. Una excepción, a juicio del autor, son declaraciones como las del actual director general de Migración, quien, en medio de una situación tan delicada para ambos pueblos, anunció que saldría al campo a recoger braceros ilegales.

Todo tiene su tiempo y sus condicionamientos. Es urgente diseñar una política migratoria con especial énfasis en los ciudadanos del vecino país, que les permita acceder al mercado laboral mediante contratos de trabajo y con la protección de los servicios garantizados por la seguridad social, como ocurre en las sociedades modernas, tanto en desarrollo como desarrolladas.

Estamos muy cerca de alcanzar grandes logros para ambos pueblos. Solo hay que ser consistentes, pragmáticos y persistentes, como, hasta ahora, han procurado ser las presentes autoridades.

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