Opinión: A Dios rogando y con el mazo dando

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El autor es secretario general del PRM, Manhattan Sur. Reside en Nueva York.

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Por ROBERTO FLEURIMONT

Vender la idea de que “por usted el PRM se fortalece en el exterior” no solo es un exceso: es una falta de respeto a la dirigencia política que lleva años construyendo partido en la diáspora. El trabajo comunitario no se decreta desde un despacho consular. Se suda en la calle, con la base, y con los mismos compañeros que hoy han sido desplazados.

Desde que usted llegó al Consulado Dominicano en Nueva York, el mensaje ha sido claro y doloroso para la estructura partidaria. Lo primero: un descuento de US$100 a cada empleado de nómina interna. Después, la cancelación de trece empleados de diferentes puestos. Y cuando sintió la presión, salió raudo y veloz a gestionar pensiones míseras como salida de emergencia.

No paró ahí. Les descontó US$1,000 a 46 auxiliares consulares de distintas localidades del Estado de Nueva York. Meses después, canceló a esos 46 puestos designados por Cancillería, enlaces reales con la comunidad, y se quedó usted con los cheques que cobraban. Al volver a sentir la presión, repitió la fórmula: mover el listado de pensiones que había solicitado el partido para apagar el incendio que usted mismo provocó.

Fue tan despiadado su afán de monetizar, que canceló a la señora Marcia Williams, viuda de David Williams, destacado comunitario, fundador del PRD y del PRM, asistente personal del doctor José Francisco Peña Gómez. Con esa decisión, usted no solo tocó a una persona: golpeó la memoria y la dignidad de una militancia histórica.

Los dirigentes del partido y comunitarios que laboramos en el Consulado estamos en la obligación de servir al gobierno del presidente Luis Abinader y defender el voto en las próximas elecciones. Pero si es por usted, con su accionar recurrente y su prepotencia, no creo que podamos hacer una buena labor. Usted nos relegó a un mínimo de acción. Ya no podíamos dar facilidades a decenas de compañeros que nos acompañaron en las contiendas, ni a los envejecientes que iban semanalmente por una ayuda económica. Eso lo eliminó usted.

Por último: usted no es un facilitador para los dominicanos en esta urbe. Es un obstáculo que perjudica al gobierno y al partido. Con esas desastrosas acciones, en la ciudad de Nueva York podríamos perder las elecciones. Y si las ganamos, no será con la amplitud con la que conseguimos los tres diputados de ultramar.

Porque el PRM en el exterior no se fortalece a mazazos contra su gente, ni con cheques retenidos, ni con cancelaciones. Se fortalece respetando a la base, reconociendo trayectorias y abriendo puertas. Lo demás es rezar para que la comunidad olvide. Y la comunidad no olvida.

Al mazo dando y a Dios rogando. Pero Dios mira la intención, y la comunidad mira los hechos.

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