POR FRANCISCO BATISTA
Hay momentos en los que las palabras simplemente no alcanzan para describir la indignación que uno siente. La muerte de Darlyn deja un vacío imposible de llenar y una impotencia que pesa en el alma.
Ninguna condena humana podrá devolverle la vida ni borrar el sufrimiento de su familia.
Solo Dios conoce el verdadero peso de cada acción y solo Él puede hacer justicia perfecta.
Mi oración es que reciba a Darlyn en su gloria, conceda fortaleza a quienes hoy lloran su ausencia y que quienes sean responsables enfrenten toda la justicia terrenal y, llegado el momento, también la justicia divina.
Que este dolor nos obligue a reflexionar como sociedad. El uniforme jamás puede convertirse en una licencia para abusar del poder, y ninguna autoridad vale más que la vida de un ser humano.
Dejemos a un lado el ego, la arrogancia y la violencia, y construyamos un país donde la autoridad se gane por el respeto y no por el miedo.
of-am


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