Una propuesta ciertamente sopesada, atinada, con mucho sentido y que resolvería definitivamente la situación del pueblo haitiano, y coadyuvaría a aliviar las tensiones provocadas por sectores que, como sanguijuela, viven de la pobreza que arropa esa asolada nación, pues, nunca buscan medios viables que tiendan a resolver definitivamente el problema de miseria en que se desenvuelven sus nativos.
De ahí, es que se hace perentorio, que el estado dominicano y el gobierno de turno asuman como suya, la propuesta que recientemente hiciera la filial en Santo Domingo de la organización cívica COPOLA-USA, para que las naciones afiliadas a la ONU, OEA, UE, UNASUR y CARICOM, otorguen cada una 50 mil visas de trabajo a igual cantidad de nacionales Haitianos, con el fin de ayudar objetivamente, a que ese país caribeño salga de la histórica crisis económica que le abate.
Con esta propuesta, COPOLA-USA-RD le brinda a la nación dominicana y al gobierno, marchar a la ofensiva, antes las naciones e instituciones cívica que desde hace tiempo mantienen, y sostienes, a nivel internacional y nacional una campaña de descredito contra el país, por éste aspirar, a poner orden en su territorio, ya que consideran que nuestra nación, no tiene el derecho de reglamentar, quien entra, sale, o, se mantiene residiendo en este país.
Mientras por otro lado, ellos arrecian en sus territorios, con leyes migratorias radicales, con las cuales cierran las puertas de entra a su comarca, para que los pobres de las naciones tercermundistas no puedan trabajar, ni mucho menos, circular sin documentaciones por sus calles. Sin embargo, a la República Dominicana la asustan con acusaciones inverosímiles, y sin sentido, llamándole racistas, a una nación descendientes de una mezcolanza de razas, como lo es, Quisqueya.
La solicitud hecha por COPOLA-USA-RD, si el gobierno la asume como suya, colocaría la bola, en la cancha de esos países e instituciones cívica, nacionales e internacionales, que la única ayuda que ofrecen al hermano pueblo haitiano, es, su oculto y marcado interés, hecha promesa, de convertir en una sola nación, dos países, que comparten un mismo territorio, pero con cultura y costumbre, diametralmente opuesta. Algo que es impensable e inimaginable para los padres de nuestra patria y para nosotros mismo.


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