Si las organizaciones criminales más conocidas y poderosas hubieran evitado todo trato con el mundo de la política, seguramente no habrían pasado de actuar como pequeñas bandas y sin duda no habrían gozado de una carrera delictiva tan prospera y prolongada.
Fuera de sus variados usos, la palabra política vale ante todo para justipreciar aquellos asuntos que guardan semejanza con la misión de las confabulaciones y riquezas públicas.
Según un modelo bien conocido, la relación que las organizaciones criminales mantienen con los sistemas políticos bajo los que operan puede ser de tres tipos: predatoria, parasitaria y asociante.
La relación predatoria es propia de los grupos que carecen de capacidad o interés para manipular el funcionamiento de las instituciones públicas o entrar en contacto con algún actor político.
Se trata, por lo tanto, del mínimo nivel de influjo que pueda ejercerse sobre el sistema político, típico de muchas asociaciones criminales que realizan operaciones delictivas a pequeña escala o cuya media de vida no pasa de unos meses o años.
También es un modo frecuente de operar entre bandas u organizaciones más potentes cuya base de actuación se circunscribe a lugares del mundo donde la presencia y autoridad estatales son escasas o inexistentes, ya sea territorios pertenecientes a regímenes políticos fallidos o en descomposición, sociedades en transición e incluso barrios marginales de grandes capitales.
Un parasito es un organismo que vive a costa de otro ser vivo de distinta especie, se alimenta de él y lo agota sin ofrecer nada a cambio.
De forma similar, las organizaciones criminales pueden llegar a actuar como parásitos de un sistema político, corromper y manipular su funcionamiento en ciertas áreas. Las posibilidades de que esto suceda dependen de si se aplican de forma eficaz muchas estrategias de manipulación e influencia institucional.
Sin embargo, en concluyentes circunstancias otras organizaciones pueden progresar hacia una relación más estrecha con el estado que algunos investigadores llaman simbiótica, por analogía con las asociaciones entre animales o vegetales de diferente especie que procuran algún beneficio importante a todos sus participantes.
No obstante, la asociación simbiótica puede adoptar formas aún más extremas que implican la criminalización parcial o total de las políticas de un Estado.
En sentido estricto, hay corrupción donde alguien infringe los deberes inherentes al cargo o profesión que ocupa para obtener algún beneficio privado. Aunque pueda darse en la esfera privada, la corrupción que nos interesa sólo abarca aquellos actos que supongan un uso abusivo de la autoridad y el poder que dimanan de instituciones públicas, lo cual siempre comporta cierta perversión del sistema político.
JPM


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Yo le sugiero a todos los lectores de este diario prestarle mucha atencion a los articulos del Dr. Hector Dotel Matos. Esos articulos yo los considero como catedras, bien escritos, prefectamente estructurados, sin palabras rebuscadas, directos al meollo del asunto y faciles de entender para todos. Felicito nuevamente a tan ilustre jurisconsulto y les pido nuevamente leerlo, leyendo se aprende amigos foristas.