Desde el momento en que se anunció el debate, y se explicaron las reglas, mis expectativas no eran muy altas. En este momento fatídico que vivimos esperar un debate moderado y educado era anhelar algo irreal. Hemos tenido cuatro años observando la conducta de Donald Trump y su manejo hacía con los medios de comunicación y la oposición. El presidente que aún después de juramentado nunca dejó la campaña, pues para él todos los días, en estos cuatro años fueron de lucha constante para con sus opositores, una búsqueda de validación eterna, que en su mente lo ratifiquen como presidente y que lo ha llevado a vivir una vida a la defensiva. Por lo tanto este debate no iba a ser distinto a sus tweets.
En este primer debate el desorden imperó. Los temas fueron tomados como un juego para las partes, quienes tiraron las reglas previamente acordadas por la ventana, y se olvidaron completamente de mantener el decoro. El moderador perdió completamente el control sobre los candidatos, desde el primer momento en que el presidente empezó a interrumpir al vicepresidente sin ningún tipo de educación.
Por un lado tenemos a Trump quien defiende la respuesta de su administración hacía el Covid-19, justificando que la culpa de todo la tiene China, pues nunca informó la real dimensión de la pandemia. Por otro tenemos a Biden quién indica que sólo porque Trump es el presidente, la pandemia ha afectado tanto a los Estados Unidos al punto de ser llamado el foco de infección más grande después de Italia.
Sobre las protestas y la discriminación racial sistemática, problemas que actualmente afectan a la población, Donald Trump repitió su discurso de que la única solución es impartir “Ley y Orden”, indicando que en las ciudades donde se desplegó la guardia nacional las protestas cesaron. La respuesta de Biden a esta situación, ha sido la misma que anteriormente ha ofrecido, pues en distintas ocasiones ha dicho que la ley y el orden se imparten con mesura, y guardando respeto a los ciudadanos.
En este tira y afloja que mantuvieron los candidatos, las faltas de ambos se dieron a notar. Un Donald Trump nervioso que rara vez miraba a la cámara fue algo novedoso. En Biden pudimos notar cómo perdió la calma en varias ocasiones, en una oportunidad llamó “Payaso” al presidente, algo insólito. Trump por su parte estuvo mas comedido de lo que esperábamos, pues al considerarlo como una persona errática – un típico líder autoritario, digno representante de una república bananera – No actúo de forma desmedida ni llamó con nombres peyorativos a Biden.
Sin dudas este fue un debate donde nadie ganó y el pueblo perdió. El estadounidense tendrá que elegir entre un presidente que se niega a condenar grupos racistas de extrema derecha (KKK) y un centrista letárgico.

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