El presidente Danilo Medina, en Guatemala, trató con mucha valentía el caso haitiano. Un problema que viene de lejos y al parecer no tiene soluciones a la vista. En su discurso pronunciado en la cumbre de SICA, el mandatario defendió el patriotismo dominicano, y merece apoyo y reconocimientos.
Representantes de potencias extranjeras y dominicanos que son partidarios del injerencísmo, quieren la fusión de las dos repúblicas que conforman la isla. Es una barbaridad histórica, pero a estas personas, que en definitiva son malos dominicanos, no les queda una gota de patriotismo.
El presidente Medina habló claro sobre cuál es la posición dominicana, y dijo con toda la seriedad posible que el país no se va a poner de rodillas frente a las declaraciones injerencistas de personalidades norteamericanas y europeas.
Hay que darle respaldo al Presidente Medina, porque la defensa de la soberanía nacional tiene que ser una obligación de todos, y esa lucha no puede recaer únicamente en los hombros del ejecutivo.
Hay muchos funcionarios que tienen que ponerse claros y leer con detenimiento las declaraciones del Presidente Medina. Esos funcionarios en ocasiones parecería que las piernas se les ponen de gelatina cuando hablan con los embajadores de Canadá, los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido o el Nuncio.
Hay un par de puntos que nosotros consideramos que son vitales para hacer frente a la situación de los haitianos indocumentados que se encuentran en el territorio nacional. Este grave problema no tiene solución jurídica, ni constitucional, sino que es político, y para ser solucionado debe haber una decisión política.
Estamos de acuerdo en una defensa férrea de nuestro territorio, nuestra nacionalidad y nuestro patriotismo, pero aparte de eso, hay que encontrar una solución, de acuerdo al derecho público internacional, y que le convenga a la República Dominicana.
De ahí, que teniendo nosotros todas las leyes y disposiciones legales a nuestro favor, es vital que se encuentre una solución política, y que retorne la convivencia pacífica entre haitianos y dominicanos.
Por lo pronto, hay que congelar hasta nuevas discusiones la suerte de lo que muchos llaman apátridas, y proceder a esos hijos de haitianos ilegales nacidos en el país a entregarle carnets de residencia. A los otros haitianos que se encuentren de forma irregular, facilitarles registros de trabajo.
La única solución a la vista de este problema es un acuerdo político. Hay que llegar a soluciones, sin que se lesione nuestro territorio y nuestra soberanía.


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