Casi todos los presidentes de los países de América Latina en sus visitas a Uruguay acuden al humilde hogar de Pepe Mujica para tomarse fotos con el paradigma de liderazgo humilde, sencillo, pulcro y austero del siglo XXI.
El expresidente uruguayo camina al sepulcro y a la inmortalidad, igual como sucedió con Joaquín Balaguer.
Los presidentes que visitan a Pepe Mujica lo hacen sólo en busca de imágenes con impacto noticioso, pero en nada comparten la filosofía y forma de vida de un ser humano que ejerció la presidencia y moldeó el poder a sus convicciones, diferente a la conducta de doble moral que caracteriza a los políticos latinoamericanos.

Van hacia dónde Pepe Mujica no para aprender de él, sino con el único propósito de hacer marketing presentándose al lado de un personaje egregio, especie en extinción.
La gran verdad es que todos los presidentes de América Latina, incluyendo a Luís Abinader, admiran, valoran y respetan a donde Pepe Mujica, pero ninguno quiere parecerse a él, ni seguir sus pasos.
jpm-am


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