Siempre hay una historia

Luego de casi nueve años de haberse elaborado una nueva Constitución y a casi cuatro de reformársele algunos artículos,  surgen voces que piden nuevos cambios en nuestra ley de leyes con propósitos claramente dañinos a su origen común.

Cuando hablo de origen común me refiero a propósitos fundamentales como aquellos que tienen que ver con la durabilidad de la misma, que no sea reciclable ni a corto ni largo plazo.

Es decir que la Constitución sea respetada realmente por los entes que conforman la sociedad dominicana, principalmente la clase política.

La cronología mencionada  viene a colación por la  intención de algunos actores quienes aparentemente han hecho compromisos previos y están forzando por modificar la Constitución aunque el mismo Presidente Danilo Medina parece que dio por cerrado el tema.

Una gran parte de nuestros políticos partidarios al sólo pensar en su momentun de acción se comportan como elementos que no respetan ni las leyes que los regulan.

De ahí que no toman en cuenta siquiera el pensamiento de la población para estar sugiriendo temas sólo a sus conveniencias.

Insistir en modificar la Constitución bajo alegados infelices como aquellos de unificar las elecciones no convencen a nadie.

Desde la elaboración de la última Constitución íntegra se habla de elecciones por separado, pero ahora las piden unificadas sabiendo que no hay tiempo para eso, el alegato de los costos también es un elemento infeliz toda vez que eso se denunció cuando se promovía la aprobación de la ley de partidos, y hasta justificaron el costo.

Es evidente que un país pobre y lleno de deudas no debe gastarse más de 16 mil millones de pesos en elecciones, pero eso fue lo que impusieron los propios políticos que ahora lo denuncian.

Es decir el oportunismo tiene cara de hereje y eso parece ser lo que sucede ahora con algunos dirigentes quienes parece que hicieron compromisos que no pudieron cumplir estando afanados ahora por quedar bien con sus patrocinadores.

Cada vez que le dé la gana a alguien no se puede cambiar la Constitución, escuché a un amigo justificar los cambios dizque para actualizarse con los tiempos.

Planteamientos así me llevan a pensar en un discurso del fenecido Presidente Joaquín Balaguer quien para justificar sus permanentes devaneos con la reelección calificó a la Constitución como un pedazo de papel.

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