Por CESAR AYBAR
En ocasión de la muerte de su amigo Lázaro, Jesús llegó a la casa donde vivían Lázaro y sus dos hermanas: María y Marta. Luego de encontrarse con ellas e intercambiar algunas frases, Jesús preguntó: «¿Dónde lo habéis puesto?» (Jn 11:34).
Una vez frente al sepulcro dijo: «Quitad la piedra.»(Jn 11:39) Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.» Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» (Jn 11:39-40)
Una pregunta retórica que fue avalada inmediatamente con un hecho contundente: la resurrección de Lázaro. La afirmación: si crees verás la gloría de Dios, fue dicha de diferentes formas por Jesús en más de una ocasión, dirigiéndose a sus discípulos.
Pero, ¿qué significa creer? ¿Qué poder tan grande tiene la acción de creer, que para quien cree todo es posible? ¿Qué es lo que hay que creer? o ¿en quién es que hay que creer? Creer no es tan simple como la gente piensa, sino, ¿por qué no obtenemos lo que queremos o pedimos si pensamos que creemos?
No se trata de crear un ambiente donde la gente sea más sensible a las emociones, en consecuencia, provocar reacciones que aparenten ser producidas por fuerzas sobrenaturales.
Pues Jesús dijo: “En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.” (Jn 14:12) No hay que crear escenarios, no hay que tener un proclamador de la palabra que exalte los sentidos (aunque eso no es malo), simplemente hay que creer.
Tener fe es suficiente para que nada sea imposible. Creer en Jesús y tener fe. Por eso dijo Jesús: Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Desplázate de aquí allá», y se desplazará, y nada os será imposible.» (Mt 17:20)
Pero creer en Jesús no es simplemente decir: yo creo, creer en Jesús es mucho más que eso. Para creer en Jesús hay que estar dispuesto a seguirle y seguirle significa negarse a sí mismo y cargar con su propia cruz.
Así lo dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16:24). Lo mismo que creer en Jesús significa amarle y amarle significa cumplir sus mandamientos: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos (Jn 14:15)
¿A qué se refiere Jesús con “negarse a sí mismo”? En términos simples, negarse a sí mismo significa estar dispuesto a morir para que el otro viva. Significa disminuir el ego que nos impulsa a creer que somos mejores que los de más, hasta su mínima expresión.
Significa desterrar el egoísmo de dentro de nosotros y comenzar a ver a los demás como hermanos, como personas que tienen el mismo derecho que nosotros a ser felices. Significa, como mínimo, tratar a los demás como uno quisiera que le tratasen.
No creernos infalibles, reconocer nuestras debilidades y tener conciencia de que todos en algún momento podemos fallar y cometer errores terribles. Negarse a sí mismo significa comprender y ponernos en los zapatos del otro en lugar de condenar y juzgar.
Por otro lado, guardar los mandamientos de Jesús significa simplemente amar, pues Jesús resumió toda la ley y los profetas en dos mandamientos:
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22:37-39).
Qué significa: ¿Amarás a tu prójimo como a ti mismo? Jesús se refiere en el Nuevo Testamento no al amor que conocemos en occidente, que se define como un sentimiento; sino al amor como ágape.
Ágape, es el término griego que describe un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. Así, amar al prójimo como a sí mismo es buscar siempre el bien de la otra persona, en la misma proporción que buscamos el nuestro.
La práctica de este amor trae como consecuencia una disminución extrema del egoísmo, pues solamente desterrando el egoísmo de dentro de nosotros, es posible cumplir con ese mandamiento que es semejante al de amar a Dios con todo el corazón, alma y mente.
Vemos pues que negarse a sí mismo y amar a Dios y al prójimo llevan a un mismo resultado: disminución extrema del egoísmo. En consecuencia, creer en Jesús, tener fe significa entrar en un proceso de transformación que te lleve a ser una persona nueva, sin egoísmos dañinos.
Es la búsqueda del hombre nuevo que tanto ha obsesionado al ser humano históricamente y que ha provocado revoluciones sangrientas y que ha costado la vida a tantos seres humanos, sin haberse siquiera acercado al objetivo: la creación del hombre nuevo.
Para ver la gloria de Dios hay que tener un corazón limpio. Un corazón limpio es un corazón libre de egoísmo en el que ha quedado un espacio para que la luz del amor entre y se refleje y llegue a las demás personas. Es así como la persona ha nacido de nuevo.
Eso significa creer: nacer de nuevo como ser humano nuevo, y siendo así, no hay ninguna duda: si crees verás la gloria de Dios.
jpm


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