Los escándalos que hicieron remover la mata en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) y en el Programa de Medicamentos Esenciales y Central de Apoyo Logístico (Promese/ CAL) trajeron a otros funcionarios que enfrentarían los males que arrastran esas intuiciones.
El verbo arrastrar en presente, es preciso porque poco ha cambiado. Obvio que si había situaciones no serían resueltas de un porrazo ni de un golpe, que por cierto es lo mismo.
Mas, en el caso de la administradora de riesgos de salud, cuestiones como el servicio a domicilio para la venta de fármacos, suspendido en la gestión anterior y luego restaurado, ha vuelto a quedar en el aire.
Lo peor es que el órgano lo habilitó para unas farmacias y dejó a otras con un mensaje de advertencia para los clientes, que sale automático cuando solicitan expedir por whatsapp. Reza que es por cambio de plataforma para brindar un servicio mejor. Ofrezcome.

Mientras trabajan para conseguir ese propósito, ciudadanos que requieren medicación pasan hasta cuatro horas sentados en el local de expendio, en espera de que les llame un agente de Senasa para confirmar que es la persona asegurada.
Resulta absurdo, pues si el afiliado entrega la indicación, el carnet y la cédula está todo harto claro y si no lo está, ese empleado que le contactó por teléfono ¿Certifica con una llamada en la que ni siquiera le ve el rostro? Es una pendejá.
Eso aparte de que nadie del Gobierno ha vuelto a tocar el supuesto fraude en esa entidad, que incluye incluso, algo no citado, titulares del seguro que afiliaron a sus padres en sus lugares de trabajo cotizaron y esos progenitores nunca quedaron inscritos. O sea, dinero perdido por el que nadie respondió.
Lo de Promese es otro canto. Boticas vacías, lo de medicamentos esenciales no queda claro, pues en los tramos escasea hasta lo más común, como ampicilina, vitaminas D, B, E. Sus estantes están en buen dominicano pelaos.
En ese programa hay medicinas que van y vienen como la pregabalina, amlodipina, litio, la fluoxetina, y la quetiapina, esta además resulta cara para ser de esos centros, la pastilla de 100 miligramos cuesta 30 pesos, en algunas marcas igual que en centros privados.
Los pacientes que usan estos y otros medicamentos anhelan que sea un plan de verdad funcional, que ayude a aliviar el roto bolsillo de los más desfavorecidos y que tanto en el caso de Promese como en el de Senasa, los gobiernos que dirigen el Estado cumplan con su función de proteger, de amparar.
JPM


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