¿Se puede despolitizar el sistema educativo?

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EL AUTOR es periodista. Reside en Bani.

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La propuesta presidencial de sacar la política de la educación pública parece una quimera por lo enraizado que se encuentra el problema.

Comencemos por la ADP. La pasada dirección de ese gremio magisterial estaba dominada por el PRM mientras que la actual la dirige el PLD. La izquierda dominicana, que también ha encabezado la ADP, mantiene un alto nivel de incidencia.

Cuando llegue el momento de elecciones volverán las pugnas políticas por controlar este instrumento de lucha salarial y retroceso educativo con sus constantes huelgas, muchas de ellas sin sentido, afectando las horas de clases.

Los cambios de funcionarios medios con altos niveles de experiencia son una norma con la llegada de nuevos gobiernos, e incluso cuando un ministro sustituye a otro, sin tomar en cuenta su eficiencia.

Se llegó al extremo, en el presente gobierno, de sustituir a la mayoría de los directores regionales, muchos de los cuales no habían cumplido el tiempo establecido en sus funciones para en su lugar nombrar perremeistas cercanos al titular de turno.

El presidente Luis Abinader estuvo al tanto de todo y lo permitió, de modo que no le luce ahora hablar de despolitizar el sistema educativo.

En el ministerio de educación todo se politiza, incluso el proceso relativo a los alimentos que consumen los alumnos.

Lo que es peor aún, muchos ministros buscan desde esa posición crear las bases para aspiraciones presidenciales y usan el cargo como trampolín, con todo lo que eso representa.

Entre los últimos ministros dos fueron precandidatos presidenciales y otro desde que asumió tenía la mira puesta en esa misma dirección, lo cual fue parte de su fracaso.

Pero eso no se queda ahí ya que a nivel universitario se vive una situación similar de modo que la crisis abarca más allá de la educación primaria y secundaria. Ambas en conjunto forman un inmenso barril sin fondo.

El caso de la UASD es más vergonzoso aún pues debía ser, por sus posiciones de “avanzada”, un modelo, aunque lo es pero en términos negativos.

Otras universidades sin manejar inmensos presupuestos, tienen mucho que enseñarle a la primada de América en lo docente y en lo administrativo.

Lo expresado es solo una síntesis apretada del fracaso que durante mucho tiempo viene arrastrando el sistema educativo dominicano, donde prima la politiquería, la corrupción y la fuerte disposición de sus integrantes de que las cosas permanezcan inalterables pues son muchos los que se favorecen de un caos que tiene a los estudiantes como las víctimas.

Existe un enredo tal que que las medidas correctas que se puedan aplicar para buscarle una salida a la situación, generarían unos paros interminables que no hay gobierno capaz de soportarlos sin llegar a niveles a los que no están dispuestos a ir.

Pero situaciones similares se viven en diferentes sectores de la vida nacional como el medio ambiente, el transporte de pasajeros y carga, la policía e incluso lugares como el congreso donde los beneficios de los legisladores van mucho más allá del conocido barrilito, que le ha tumbado el pulso al presidente, una serie de recursos que reciben sin sentido lógico y unos sistemas de retiros que traspasan los límites creíbles de objetividad, entre también muchos aspectos más.

Los motivos que nos permiten avanzar como sociedad están íntimamente vinculados con los privilegios de minorías con niveles de influencia que los convierten en intocables. Hasta un día, esperemos.

jpm-am

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