Grandes cantidades de terrenos de vocación agrícola se están urbanizando en varias provincias sin que haya una institución estatal que ponga corte a esa situación.
Se está pensando que con importaciones de productos agrícolas se podría vivir porque salen más baratos y más cuando se trata del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y el Caribe, pero también con Estados Unidos.
Lo cierto es que nuestros campesinos prefieren emigrar, motoconchar y realizar cualquier tipo de jornada laboral fuera de sus tierras que están trabajando de sol a sol por el poco dinero que pagan las grandes empresas del sector.
De ahí la utilización de los emigrantes haitianos ilegales porque los dominicanos ya no quieren trabajar en el campo.
Provincias del Cibao central con grandes cantidades de terrenos agrícolas ven perder esas tierras en medio de urbanizaciones porque aparentemente la modernidad está por encima de la soberanía alimentaria.
Se viven entregando títulos de propiedad a pequeños parceleros gobierno tras gobiernos, tierras que terminan en manos de urbanizadores o grandes empresarios del sector.
Usted visita Moca, Salcedo, Santiago o La Vega y ve pocos sembrados agrícolas.
Sólo ver que en Santiago de los Caballeros el moderno Aeropuerto internacional de la provincia fue construido en una finca de plátanos quizás una de las más grandes de la región.
Probablemente que con el tiempo nos suceda como en Puerto Rico donde se depende totalmente de las importaciones y los ciudadanos del campo terminan en Estados Unidos como exiliados en su propio territorio.
Agricultura, el Instituto Agrario y otras instituciones del sector de la producción agrícola no están haciendo nada para evitar la urbanización de las tierras de producción alimentaria.
Ni siquiera este país ha modernizado sus siembras como lo han hecho otras naciones que se convierten en grandes exportadoras.
Aquí se prefiere importar alimentos situación que con el tiempo hará más daño que bien a los dominicanos, a los empresarios y al propio Estado.
Los dineros del Banco Agrícola son prestados pero con una distorsión histórica increíble, es decir se presta el dinero pero no va a la siembra, sino a inversiones fuera del ámbito de la idea original.
Eso tampoco es supervisado por lo que no le sorpresa si usted ve una Litis entre el Bagrícola y grupos de personas físicas por hipotecas indirectas que se otorgan por caprichos personales o políticos.
Así las cosas sólo recordar el desaparecido Banco de los Trabajadores que fue quebrado por los políticos de su tiempo debido a raros manejos con sus recursos.
Muchas cosas deberían de cambiar entre ellas la situación de las construcciones en tierras agrícolas.
De no ser así, sólo tiempo podrá darnos la razón sobre este tema.


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