Por RAPHY DE OLEO
No hay crisis de merengue ni de merengueros. No hacen falta más emisoras colocando nuestro ritmo. El problema no es difusión porque las redes horizontalizaron la comunicación y ningún medio es imprescindible para obtener pegada.
El género nuestro solo necesita dos cosas para recuperar el esplendor de otros tiempos: 1) Producción acorde a los colores y gustos de las nuevas generaciones y 2) Mercadeo asertivo a las condiciones socioeconómicas del momento.
Romeo Santos acaba de colocar la base que marcaría la ruta hacia un merengue de hoy soportado en la esencia melódico-armónica que caracterizó nuestro ritmo durante muchos años. Inteligentemente hace un merengue con la ̈tambora derecha ̈ obligando a la güira y al bajo a mantener el merengue acompasado que lo convertía en el género bailable por excelencia, retrotrayéndonos a la época dorada pero con adornos de lo que él sabe y vive.
Romeo no usa a sus invitados para incursionar. Por lo contrario, hace acopio de su influencia y popularidad para lograr que su fiel fanaticada reciba de primera línea, las capacidades interpretativas de tres líderes con registros vocales disímiles y conceptualizaciones musicales muy diferentes. Ahí radica el gran mérito de Santos al elegir a Fernandito, Rubby y Toño, tan distintos como distantes, armonizando sus estilos en una misma canción con letras alejadas de la moda vulgar de hoy.

Los merengueros deben retornar a su mundo primigenio de producción pero teniendo presente los colores de hoy sobre la montura rítmica de nuestra tradición musical. Nunca deben ceder a la tentación de alcanzar una música urbana que tiene su mundo y público definidos.
Las colaboraciones con esos exponentes no le aportan nada ni al género ni a sus representantes, pues de los millennial para acá, hay una generación completa que no conoce los códigos con que se realiza el merengue, y lo peor, ni les interesa.
El segundo punto, el mercadeo, es más sencillo y fácil de aplicar siempre y cuando los egos pasen a mejor vida. Los líderes merengueros deben entender que en la práctica comercial del espectáculo, las altas tarifas están llevando a que se reduzca el espacio de exposición del ritmo. y la distorsión que aumenta la curva identificadora de oferta y demanda se convierte en un afilado cuchillo en la garganta de nuestro género.
Hay que enfriar la termo-cefálica actitud de una competencia desaforada entre los dueños de entidades musicales, sobre la idea de que ¨quién más cobra es mejor¨ y ¨Fulano no puede cobrar más que yo¨, mientras que los propietarios de lugares de diversión deben reducir considerablemente los precios de las bebidas. En el momento actual todos debemos aunar esfuerzos para que el gran público retorne y el merengue brille con mayor luz.


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