El fracaso en el ministerio de educación no debe ser el final político de Roberto Fulcar, aunque ello definitivamente pesará por algún tiempo en sus prematuras aspiraciones presidenciales.
Fulcar ha demostrado ser un gran político, no así un excelente gestor o administrador.
Con una estrella que venía ascendiendo vertiginosamente el actual momento debe ser difícil para el ex director de campaña en dos ocasiones del presidente Luis Abinader.
Su labor en ese sentido fue impecable aunque una tercera oportunidad luzca incierta porque con sus errores apagó parte de su brillo y su exilo temporal, aunque por motivos de salud, no contribuyen a rescatarlo.
(Actualmente el ex ministro de educación se encuentra en los Estados Unidos, específicamente en Boston, donde las visitas están restringidas. Su hermano el diputado Julito Fulcar ha informado que se trata de problemas gastrointestinales. Previo a su destitución ya Roberto había rebajado alrededor de 30 libras).
El gran problema de Fulcar fue que quien asumió el cargo fue el político, no el gerente, tal como hicieron el presidente, el ministro David Collado y el director de aduanas Sanz Lovatón, entre otros.
La principal tarea de Fulcar fue gestionar empleos para la militancia perremeista, lo cual era un reclamo general. Podría decirse que en ese sentido fue el más solidario de los funcionarios del actual gobierno.

Llegó al extremo incluso de sustituir directores provinciales previo a concluir sus mandatos bajo alegatos que no resultaron convincentes, lo que le generó duras críticas.
Un ministerio tan amplio, difícil, conflictivo, en tiempo de crisis provocada por una pandemia y recibido con una montaña de irregularidades, requería una labor con un perfil más bajo, menos expuesto y más reflexivo.
Las presiones de Fulcar surgieron de diferentes estamentos pues educación tiene diferentes dependencias que envuelven negocios con terceros con gran influencia que no querían ceder terreno. Entre ellos figuran los suplidores de los alimentos que se sirven en las escuelas y los impresores de libros, quienes además poseen importantes medios de comunicación.
Fulcar, quien desde antes del 2016 estuvo en pleno activismo político, no supo marginarse del mismo por un tiempo prudente y buscar salir airoso de la inmensa responsabilidad que tenía a su cargo.
Con los cuantiosos recursos puestos a su disposición debidamente administrados y consensuados, pudo lograr el milagro obtenido en otras áreas como la salud, el turismo, la agricultura, la economía, etcétera, sectores menos problemáticos, donde los más belicosos son los médicos agrupados en su colegio.
Sus fallas y errores fueron amplios y contundentes llegando a convertirse en el sandbag favorito de críticos del gobierno e incluso de periodistas y comunicadores afines. Era hacia él donde se dirigían los principales golpes.
Salir de su amigo debió ser un decisión difícil para el presidente Luis Abinader, pero llegó un momento que era complicado mantenerlo en el cargo pues generaba mucho ruido que en nada favorecían al gobierno. Entre las opciones que le ofreció el primer mandatario estaba designarlo en un consulado en los Estados Unidos, lo cual fue rechazado en varias ocasiones por Fulcar.
Su designación como presidente nacional de la comisión de estrategia del PRM, recibida con vítores durante una asamblea de esa organización, debió ser el punto de arranque de un Fulcar que aunque dolido, no debió recogerse y apartarse del accionar político. Más que como un castigo debió asumir sus funciones como una nueva oportunidad.
Aparentemente solitario y sumido en la depresión, Fulcar volvió a tomar el camino equivocado lo que probablemente afectó a un más su salud.
Si no retorna vigoroso, optimista y confiado, una vez logre recuperar su salud, podría estar cavando su futuro político, pues mostrarse derrotado y alejado en nada contribuirá a su renacer en la arena política nacional.
Si bien es cierto que se ganó una apreciable cantidad de adversarios, también es verdad que en las filas de su partido su figura creció, pues en los momentos de incertidumbre estuvo con ellos ahí, mano a mano, y eso no se olvida.
Crecer a través de las adversidades y resurgir, es el mito en que se sustenta el Ave de Fénix, de salir renovado de situaciones difíciles, aprender y crecer, nunca flaquear, esperar y creer en nuestras potencialidades y capacidades.
Como decía Miguel Cervantes: confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
O una de las célebre frase de Martin Luther King: debemos aceptar la decepción finita, pero nunca debemos perder la esperanza infinita.
El mundo está lleno de esperanza y nuevas oportunidades para los afectados por la adversidad, que son el momento exacto para el resurgir de los verdaderos líderes.
Finalmente como dijo Jesús a Lázaro: ¡levante y anda!
Así pues, el retorno de Fulcar depende de su propia actitud y méritos.
jpm-am


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