Religión y política

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Abierta la campaña política por la Junta Central Electoral, los diferentes candidatos a los diferentes puestos electivos, comienzan a desarrollar su trabajo, en pro de alcanzar su objetivo. Los que practican cualesquiera religiones y denominaciones religiosas, son sujetos electorales para los candidatos. Pero, a la vez, algunos de los religiosos son candidatos a estos puestos electivos.

Los religiosos eligen y pueden ser elegidos, conforme a nuestras leyes; ellos no pecan, porque participen en estas actividades terrenales, pero a sabiendas de que primero son seguidores de Cristo, y luego todo lo demás queda en segundo, tercer lugar.

En cada proceso electoral, los candidatos, tratan de atraer a los religiosos, a quienes utilizan como «pavo de nochebuena;» pasado el proceso electoral, ganen o pierdan se olvidan de ellos. Es tiempo de que la luz que brilla en el corazón de los creyentes en Cristo, sea valorada, tanto por el creyente, como por los que quieren el voto de él. Algunos religiosos, quieren representar el pueblo de Dios, ante los políticos, para venderlos como mercancías propias. El pueblo creyente, no debe continuar siendo objeto de burlas y de mercancías. Cada uno debe razonar su voto, en la línea política que bien le parezca.

Las iglesias no pueden ser vistas como entidades religiosas adheridas a partidos políticos. No dejemos que le pongan bandera partidaria a la iglesia. En una de las elecciones pasadas, yo cometí el pecado de hacer una encuesta en la iglesia a la que pertenezco, un total del 96% estábamos de acuerdo con un determinado candidato, a diferencia del 4% de los feligreses. Mi pecado fue asumir, la posición como conjunto y apoyar el candidato decididamente. Ganó nuestro candidato, pero la iglesia ni yo recibimos beneficio de ese gobierno, ni de otros gobiernos.

Me arrepentí de la actitud asumida, y aunque tengo mis inclinaciones políticas, no involucro a la iglesia en semejante barbaridad. Pequé y reconozco que la iglesia como reino de los cielos, no debe ser involucrada en política partidaria. No importa que los candidatos sean creyentes (cristianos, evangélicos, católicos), pues no se vota para ocupar un ministerio en la iglesia, sino para asumir un cargo público. Los religiosos deben respetar la palabra de Dios, y no decir que «Dios pone reyes y quita reyes;» Dios no interviene en la decisión del voto. Así que, porque se ore o no, los candidatos que logren los votos necesarios ganarán las elecciones.

Jesucristo dijo: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no sea entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí» Jn. 18:36. Si los creyentes han de participar activamente en la política, deben hacerlo a título personal, no a nombre de las iglesias. No usar el nombre de Dios, ni la palabra de Dios, para confundir a los que no conocen la palabra del Señor.  Además, los gobiernos cristianos que han habido en el mundo, no han sido los mejores, ni les ha ido bien. No han sido la diferencia; pues han sido igual que los gobernantes seculares.

Los religiosos que intervienen en el mundo político partidario y los que quieren utilizar a los religiosos para sus fines políticos, deben saber que Jesucristo debe ser el Señor, el que manda, y no el hombre. Para poder glorificar a Cristo Jesús, se requiere de una verdadera transparencia: No comprar votos; no hablar mentiras; no tergiversar lo que dice el contrario; reconocer la verdad, aunque la diga el contrario; no comprar a los que estén en las mesas electorales; firmar las actas electorales cuando no haya quejas de fraudes, o irregularidades; que el conteo de votos no sea adulterado, de los datos que emanan de las mesas electorales; y reconocer al ganador.

Cuando las religiones se comprometen en la elección de los gobernantes del Estado, son cómplices y responsables de las barbaries que se hagan desde el poder del Estado. Por eso, iglesias y Estados deben estar separados; pues son dos reinos, uno terrenal (el de César) y otro celestial (el de Dios). Esto no anula el  derecho del individuo, pero sí,  el derecho de las iglesias en participar en política.

Cada quien dará su cuenta a Dios: «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» 2 Co. 5:10. Dios le bendiga.

jpm

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