Desde muy joven he oído la expresión que reza: nadie es profeta en su tierra.
De ahí que siempre he interpretado que en el caso de los dominicanos y de las dominicanas, para lograr la capacidad divina de hablar con Dios, recibir su orientación y conseguir sabiduría para guiar a los criollos y las criollas, necesitaba y necesita salir de nuestra media isla.
Es que el término, profeta tiene su origen en el campo religioso, y se refiere a una persona que sirve como intermediario entre los humanos y la divinidad. En la antigüedad, profeta fue aquél que proclamó haber visto a Dios, y que Dios le hizo revelaciones, dándole autoridad para hablar en su nombre, convirtiéndose así, en mensajero de su palabra.
Y sucedía que dado el carisma y la sabiduría del profeta referido podía interpretar y vaticinar los acontecimientos del futuro, que en el andar del tiempo se convirtieron en profecías.
Tengo la impresión de que a partir de la condición de sabio que se le atribuyó a los antiguos profetas, los dominicanos terminaron asumiendo aquel vocablo, derivado del griego profētēs, como sinónimo de sabiduría, o de destreza, con lo que evidentemente, el concepto había sufrido un importante cambio/
Esto es entendible, por cuanto, como dijo Heráclito, todo cambia, todo fluye, no nos bañamos dos veces en el mismo rio.
Además, suman miles las palabras, que en la Edad Media, tuvieron un significado y que al surgir la sociedad moderna, el contenido de su esencia, también se transformó.
De ningún modo, quiero plantear que la medula del significado de la palabra profeta haya desaparecido en las demás sociedades.
Sin embargo, un importantísimo segmento de la sociedad dominicana interpresa que para ser profeta allí, hay que demostrar sabiduría, inteligencia o destreza en el extranjero.
Es como si el criollo, por sí solo, no pudiera valorar la dimensión de sus hombres y mujeres, y que estos, tienen que ser reconocidos allende los mares, para que a su vez la gente de nuestro pueblo, proceda a darle el espaldarazo.
Lo que digo me hace recordar el caso del fenecido líder y amigo, doctor José Francisco Peña Gómez, a quien se le reconoció la dimensión de su inteligencia y liderazgo, tras codearse con las principales figuras mundiales de la época.
En lo que se refiere al doctor Leonel Fernández, quien fue presidente de la República en tres oportunidades, cuyos gobiernos colocaron a nuestra media isla en el trayecto de la modernidad, satisface que sus aportes a la paz, a la consolidación democrática mundial, al medio ambiente y su sabiduría, sean reconocidos, al escogerlo presidente de la Federación Mundial de Asociaciones de las Naciones Unidas, durante la asamblea ultima de este organismo en Punta Cana.
Creo que es un reconocimiento al profeta social, Leonel Fernández que ve al pueblo dominicano inserto en la sociedad universal y en la post modernidad que traerá mayor desarrollo y empleos dignos a la patria de Duarte.

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