Por CARLOS SALCEDO
Para que la población conozca sus propuestas, la propaganda política de los candidatos a cargos electivos son necesarias y obligatorias. De qué manera deben los candidatos llegar a la población, es la cuestión.
Deben hacer propuestas concretas y desarrollar un plan estratégico de publicidad para informar a los votantes de sus proyectos, metas y acciones.
La percepción global del electorado y su intención de voto hacia un candidato específico será determinada por la campaña política y las necesidades particulares de cada individuo.
Tradicionalmente, los proyectos políticos en nuestro país se promocionan contaminando visual y auditivamente. Vallas y pancartas nublan nuestras miradas y sonoros equipos musicales afectan nuestros oídos y quitan la tranquilidad de la gente, pero siguen siendo la expresión de nuestro primitivismo publicitario electoral.
Las calles, avenidas, parques, carreteras, postes, árboles, paredes, elevados, pasos peatonales, puentes, barandillas, carros y autobuses de transporte terrestre (que tapan hasta los vidrios traseros y laterales e impiden la correcta visibilidad del conductor) no se salvan del exceso y del embadurnamiento político. Esto dice mucho de la capacidad de producir caos de muchos políticos y de alcaldes y autoridades del orden público que, a diferencia de muy pocos, hacen muy poco para limpiar y poner el orden frente a tantos desaguisados.
Son comunes las campañas adelantadas y prematuras. Los elementos publicitarios deben utilizarse de manera eficiente y creativa, no en detrimento de los espacios públicos ni privados que forman parte de la belleza del entorno en el que nos movemos y que permiten transitar con mayor seguridad, ante la ausencia de agentes de distracción como lo constituye la cantidad exagerada de propaganda política.
La población debe ser convencida por propuestas creíbles y auténticas, que persuadan por su contenido, no por quién gana la carrera en la colocación de mayores vallas de publicidad y la del afeamiento y afectación de lo que es propiedad común.
El irrespeto a las leyes municipales y a los plazos marcados por la ley para el inicio de las actividades proselitistas y la instalación desmedida de utensilios de propaganda en todo el país, de manera desorganizada, reflejan el tipo de comportamiento político, inadecuado, por demás, de los candidatos y sus equipos de campaña.
Las campañas son instrumentos democráticos esenciales para nuestro sistema político. No son fiestas y juergas desenfrenadas para hacer daño visual y auditivo ni para aumentar la cantidad de distractores de los conductores, con los consecuentes accidentes de tránsito que tantas muertes producen. La propaganda política debe ser una oportunidad para demostrar la madurez política.
jpm-am


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¿Y si no tienen propuestas,qué van a ofrecer?
Como la propuesta aquella de «SE VAN PORQUE NO SABEN GOBERNAL», Pero nadie habla de disminuir la corruccion que tanto daño hace. O sera que no se atreven?.