Nadie niega en el PRM que hubo un acuerdo para elegir el candidato a través de varias encuestas. Unas encuestas donde las partes escojan las firmas para su realización y establezcan las pautas para evitar distorsiones, lucen un medio adecuado para que un partido en formación decida quién será su candidato presidencial. Empero eso tiene un inconveniente: los aspirantes pueden previamente medir sus posibilidades de forma individual y si los números le son adversos, por más ‘hombre de palabra’ que sea, negarse a ese método de selección. Y, como las encuestas son el reflejo de un momento determinado, tratar de ganar tiempo para buscar revertir la desventaja existente. Eso, y no otra cosa, es lo que hace Hipólito Mejía y su gente en el PRM. ¿Quién ha sabiendas que va a salir airoso le pone reversa a la posibilidad de ser candidato sin el trauma de una convención en una organización que no cuenta con padrón y que no ha podido siquiera completar su personería jurídica ni sus mecanismo internos?. ¿No sería lógico, si se quiere alcanzar el poder, que el candidato sea el que se presente ahora como la mejor opción y cerrar filas con él para fortalecer desde ya sus potencialidades en vez de darle largas al asuntos para utilizar todo tipo de triquiñuelas con miras a restarle fuerzas? Cuál es el afán de ser candidato, cuando todo apunta a resultar derrotado en cualquier escenario. Esa, y no otra, es la encrucijada de un Hipólito Mejía que se cree dueño de una candidatura por encima de la voluntad mayoritaria que él conoce y palpa con su innegable olfato político, pero que se niega a admitir. Aunque resulte increíble, la tabla de ‘salvación’ que se le presenta a ese sector es que en otro literal lo escojan como el contrincante ideal y que usen la maquinaria propagandística con que cuentan para inflarlo como una vejiga a sabiendas que tiene el alfiler a mano para pinchar en el momento que consideren conveniente. Ya lo hicieron anteriormente con Miguel Vargas cuando convenía que este se quedara con las siglas y un minúsculo PRD. Ahora a MVM lo minimizan pero llegado el momento los resortes de la marioneta se activaran nuevamente a su favor en desmedro del ‘favorito’ de hoy. El objetivo del PRM debe ser ganar. Y, lo que dicen las encuestas que tiene Hipólito hoy, y que le sirven de sostén para reclamar una convención, no van a cambiar. Que lo acepte: hace rato que a él le subieron el vidrio.
¿Por qué le teme Hipólito a las encuestas?
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