Por Rafael Antonio Román
La República dominicana está siendo abatida en estos momentos por una situación de inseguridad y de incertidumbre política que está generando en los ciudadanos, grandes temores.
Los actores del sistema político con sus pronunciamientos llenos de insensatez y hasta de inmadurez política, estimulan el caos, desorden e inestabilidad económica y social.
El fin del ejercicio político, no puede ser el producir en el ciudadano, la desesperanza y la falta de fe en el sistema político.
La naturaleza de la actividad política se plantea, que sus actores generen en sus receptores, cientos niveles de confianza, de seguridad y la garantía de que los mismos, podrán realizar sus actividades en un ambiente armónico y de completa paz.
Estimular constantemente el enfrentamiento y la contradicción, se aleja mucho de estos propósitos.
Este es un momento en el que cada ciudadano que ejerce la actividad política debe abandonar los intereses grupales y sus ambiciones y propósitos particulares, poner en primer término la nación, esa patria que es de todos, no de unos cuantos.
Hago un llamado a la reflexión, a la cordura, a la prudencia, y a la tolerancia, ello nos permitirá ser un mejor país.


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