PISA y la sociedad que estamos formando

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La Autora es escritora e ingeniero. Reside en Santo Domingo.

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POR E. MARGARITA EVE

El 8 de septiembre de 2026, la OCDE dio a conocer los resultados de PISA 2025. Más que una tabla de posiciones, esta evaluación ofrece una mirada a las capacidades que nuestros estudiantes están desarrollando en Lectura, Matemáticas y Ciencias. Detrás de esas cifras hay una pregunta que merece nuestra atención: ¿qué tipo de formación estamos construyendo?

En la República Dominicana, apenas el 9 % alcanzó el nivel básico de competencia en Matemáticas, el 23 % en Lectura y el 26 % en Ciencias. El contraste es fuerte: en las regiones de Ucrania que participaron, aun en medio de una guerra, alcanzaron ese nivel o superior el 54 % en Matemáticas, el 55 % en Lectura y el 65 % en Ciencias.

Es cierto que hemos mejorado respecto de evaluaciones anteriores, pero el avance ha sido mínimo frente al tiempo transcurrido y al rezago que todavía muestran los resultados. Esto obliga a preguntarnos si el ritmo de avance es suficiente para transformar realmente las capacidades de nuestros estudiantes y prepararlos para las exigencias de una sociedad cada vez más compleja.

PISA no mide únicamente cuánto recuerda un estudiante. Evalúa cómo utiliza sus conocimientos para comprender, interpretar y resolver situaciones nuevas. Por eso, debemos fortalecer desde las primeras etapas la comprensión lectora, el razonamiento matemático, el pensamiento científico y la capacidad de aplicar lo aprendido. Esas capacidades también terminan reflejándose en la sociedad que construimos.

Esto nos lleva a mirar la enseñanza con responsabilidad, sin generalizaciones. Hay docentes preparados y comprometidos, pero también otros que requieren mayor capacitación para responder a las exigencias actuales. Reconocer esta realidad no es señalar culpables, sino identificar dónde debemos concentrar nuestros esfuerzos.

Pero educar tampoco significa únicamente ayudar a quienes presentan dificultades. También debemos descubrir a quienes pueden llegar mucho más lejos. El estudiante con capacidades excepcionales en Matemáticas, Ciencias, Tecnología, Artes o deporte necesita ser identificado y contar con oportunidades reales para desarrollarlas. Un sistema educativo también debe saber reconocer la diversidad de talentos.

Singapur ha desarrollado escuelas y programas especializados para estudiantes con talentos e intereses fuertes en distintas áreas. Su experiencia plantea una pregunta pertinente: ¿cuántos jóvenes dominicanos con aptitudes excepcionales estamos identificando y cuántos tienen oportunidades para profundizarlas? El talento necesita ser descubierto, acompañado y estimulado.

La escuela debería ser el comienzo de una trayectoria: el niño aprende, el adolescente descubre sus capacidades y el joven puede especializarse como profesional, investigador, creador o innovador. Para que ese camino continúe, la universidad y la investigación deben formar parte del mismo proceso. No basta con obtener un título; también necesitamos producir conocimiento.

Otro desafío

Y cuando esa trayectoria llega a la educación superior, aparece otro desafío: convertir el conocimiento en investigación. Alemania muestra cómo sostener esa continuidad, con universidades acompañadas por instituciones como Max Planck, Fraunhofer, Helmholtz y Leibniz, dedicadas a la investigación básica y aplicada. Ese ecosistema requiere especialización, formación doctoral, infraestructura, financiamiento y cooperación.

Y aquí volvemos a nuestra realidad. Desde 2013, la educación preuniversitaria cuenta con el 4 % del PIB. Es legítimo preguntarnos qué estamos construyendo con ese esfuerzo. No se trata solo de cuánto se invierte, sino de cuánto logramos convertir esa inversión en aprendizajes sólidos, talento desarrollado, investigación y oportunidades concretas.

Las oportunidades también forman parte de la educación. Un estudiante que descubre una capacidad necesita espacios para desarrollarla; quien se interesa por la ciencia necesita orientación, laboratorios y acceso al conocimiento. Cuando una sociedad crea esas oportunidades, no solo beneficia al individuo: también amplía su capacidad para innovar, resolver problemas y generar conocimiento.

Por eso, PISA debe llevarnos más allá de los porcentajes. Si queremos estudiantes capaces de comprender, razonar, investigar y resolver problemas, debemos desarrollar esas capacidades desde temprano y acompañarlas durante toda su formación. Educar no es solo evitar que un estudiante se quede atrás, sino descubrir hasta dónde puede llegar y crear las condiciones para que lo haga. Al final, PISA también nos pregunta qué sociedad estamos formando.

emargaritaeve@gmail.com

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