Perú y la amenaza sediciosa del castrochavismo

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EL AUTOR es contador publico autorizado. Reside en Nueva York

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Instalar una dictadura castrochavista en el Perú era el objetivo del expresidente golpista Pedro Castillo, algo que se le tornó difícil por no contar con la correlación de fuerzas necesaria que le permitiera cumplir con ese propósito anti democrático.

Es por tal coyuntura en su contra que Pedro Castillo, al no poder hacerlo utilizando un congreso parcializado a su favor, pues seguramente recibiendo órdenes de sus jefes ideológicos, Raúl Castro, Nicolás Maduro y Evo Morales, decidió cerrar el congreso y así poder gobernar de facto, y a través de decretos, crear las condiciones necesarias para instalar una dictadura comunista.  

El plan era la creación de una asamblea constituyente al estilo de la que se estableció en Venezuela bajo la dictadura de Chávez; cambiar los términos de la constitución para crear bases «legales» que permitieran el desmantelamiento del estado de derecho, que le permitió a él ser elegido presidente pero que con el cambio que se haría a la carta magna, ya no podría otro acceder al poder por medios electorales.

La Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela fue promovida durante el primer año de gobierno del dictador Hugo Chávez, asumiendo facultades plenipotenciaria por encima de todos los poderes del Estado y con el propósito fundamental de redactar una nueva constitución, lo que le permitió eliminar el congreso bicameral, sustituyéndolo por uno unicameral que le permitió desmantelar el sistema democrático representativo existente hasta ese momento.

Como sabemos, el expresidente permanece detenido preventivamente por 18 meses, mientras es investigado por los delitos de rebelión y conspiración por el fallido autogolpe de Estado del pasado 7 de diciembre, por decisión de un juez supremo que consideró fundado un pedido de la fiscalía que se sustenta en que existe un peligro de fuga del imputado, quien trató de asilarse en la embajada de México en Lima tras el frustrado autogolpe.

Violentas manifestaciones exigiendo la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, se iniciaron luego de la destitución de Castillo, intensificándose en magnitud y violencia, amenazando con extenderse a todo el país, después de haber dejado un saldo mortal de unos 50 muertos y decenas de heridos, llegando a más de un millar de detenidos.

En ese contexto de profunda crisis político social, la capital del Perú, Lima, también se vio invadida desde el jueves recién pasado, por manifestantes llegados del sur y otras regiones del país para ejecutar, según los organizadores, «la toma de Lima», desatándose la violencia incendiaria de revoltosos al parecer, agitadores profesionales, pagados por sectores de ultra izquierda, interesados en la toma del poder político, por todos los medios, para luego eliminar el estado de derecho y llevar al Perú a la miseria del socialismo.  

Y es que el castrochavismo no descansa en sus agresivos planes de expandir su venenoso engendro comunista por todo el continente, lo que debe ser impedido por las fuerzas democráticas, utilizando todos los medios a su alcance.

La presidenta constitucional del Perú, Dina Boluarte, se merece el respaldo de los peruanos y de todos los países democráticos del mundo. Ella muestra gran liderazgo, mucha capacidad y entereza al enfrentar la subversión en marcha que quiere derrocar su gobierno legítimo.

¡Hay que enfrentar decididamente a Evo Morales, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, y al régimen terrorista de La Habana!

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jpm-am

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