OPINION: ¿Quién gana cuando baja el petróleo?

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EL AUTOR es un exadministrador del Banco de Reservas. exministro de Hacienda de la República Dominicana y actual miembro de la dirección política del partido Fuerza del Pueblo. Reside en Santo Domingo

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Por DANIEL TORIBIO

El Gobierno volvió a colocar los combustibles en el centro del debate económico al establecer un esquema de congelamiento por 90 días, con precio de referencia de US$90 por barril. La medida busca proteger a los consumidores frente a la incertidumbre internacional y a tensiones geopolíticas que han afectado el mercado petrolero.

La decisión merece una evaluación equilibrada.

Sería incorrecto afirmar que el congelamiento carece de justificación. El conflicto en Medio Oriente y las amenazas sobre el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz provocaron aumentos en los precios internacionales durante los primeros meses de 2026. En ese contexto, evitar una transferencia inmediata a los consumidores constituye una política defendible.

La pregunta importante no es si el Gobierno debe intervenir temporalmente cuando el petróleo sube. La pregunta es qué ocurre cuando baja.

Desde 2022 el país opera bajo un sistema de compensación que permite trasladar parcialmente alzas y reducciones de los precios internacionales. El problema es que los dominicanos conocen cada semana el monto del subsidio anunciado por las autoridades, pero desconocen la información decisiva: el balance completo del sistema.

Esa opacidad impide determinar quién ha sido el verdadero beneficiario del esquema.

La política de bandas anunciada en 2022 fijó con claridad qué ocurriría cuando el petróleo superara determinados niveles. Pero nunca se explicó con la misma precisión qué sucedería cuando los precios internacionales cayeran por debajo de esos parámetros.

¿Cuál es el resultado neto del sistema? Los dominicanos conocen cuánto se subsidia. Lo que no conocen es cuánto se recauda, cuánto se recupera cuando el petróleo baja y cuál es el saldo final después de varios años de compensaciones.

La transparencia exige más que anunciar subsidios semanales. Exige publicar una cuenta completa, auditable y verificable. Eso permitiría saber si el sistema ha protegido efectivamente a los consumidores o si se ha convertido en fuente adicional de financiamiento fiscal.

Mientras esa información permanezca oculta, la discusión sobre los combustibles seguirá incompleta.

sp-am

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