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La denunciada relación del doctor Leonel Fernández, ex presidente de la República y aspirante al mismo puesto, con el señor -cualquiera es un señor- Quirino Ernesto Paulino viene a demostrar lo mal que anda la sociedad dominicana. Se pone en evidencia, una vez más, el grado de descomposición que nos afecta.
Paulino Castillo, condenado en una corte estadounidense por narcotráfico, ha asegurado que el doctor Fernández, presidente del Partido de la Liberación Dominicana, recibió recursos financieros
para su empresa FUNGLODE y para la campaña política de 2004, a sabiendas de que ese dinero provenía del narcotráfico.
Sólo Paulino y unos pocos testigos que él ha citado podrían asegurar que eso haya ocurrido. Cierto o no, tan grave y preocupante como ese hecho son los esfuerzos gastados por dirigentes políticos y
comunicadores para justificar lo que no merece justificación. Oleadas de pronunciamientos procuran tapar la denuncia porque el denunciante es un delincuente.
Se corresponde con la inversión de valores que prima en nuestro país la actitud dirigida a echarle tierra a la declaración de Paulino Castillo, quien proclamó a través de un programa de televisión que
¨Leonel es un irresponsable, él sabía quién era yo y sabía que el dinero que le estaba dando para su campaña era dinero sucio¨.
El proceder más sereno habría de consistir en exigir una investigación y probar la inocencia del doctor Fernández, que bien lo necesita. Pero todas las defensas (periodistas, abogados, generales)
se han centrado en que a Paulino no se le puede creer porque es un narcotraficante. Y está probado ante la justicia que lo es, o lo fue.
La delincuencia asume variantes que definen el perfil del bandido. Por ejemplo, un burguesito clonador de tarjetas de crédito negará que robe reses. Uno que azota fincas para vender carnes de ganado
ajeno rechazará que falsifique dinero o jaquee cuentas de internet. En cada caso, el delincuente confesará la fechoría en que realmente incurre.
Como bien repiten los deslumbrados protectores de Fernández, Quirino Ernesto Paulino es delincuente confeso, procesado por narcotráfico, nada de presunto ni supuesto. Creo que si este hombre propusiera a alguien para el premio Nobel de la Paz no habría muchas razones para escucharlo. Ni siquiera una moción para cambiar el nombre a una calle en Elías Piña.
Una sociedad marcha mal cuando por agradecimiento o esperanza de ayuda futura, tanta gente se desboca en pro de tapar lo que debe ser esclarecido. La denuncia de Quirino Paulino merece atención,
investigación y comprobación. Si hubiera calumnia, se caerá, pues suelen ser débiles los soportes de la mentira. Conviene al doctor Fernández que se aclare todo.
rafelperaltar@gmail.com


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