La Constitución de la República les otorga a los ciudadanos libertad de tránsito, de expresión y difusión del pensamiento, de elegir y ser elegidos, de trabajo, salud, educación, vivienda. Derecho a la protesta, la huelga, incluso a la desobediencia civil en determinados casos. Derechos fundamentales que están siendo violados mediante la coerción y la fuerza de la Policía y las Fuerzas Armadas, cada vez más politizadas.
Ciudadanos honorables han sido brutalmente agredidos por la policía política del presidente Danilo Medina cuando, amparados en sus derechos, se presentaron ante la Oficina Supervisora de Obras del Estado para reclamar que sea cerrada por ser un antro de corrupción y perversidad.
La «cadena humana» se hizo presente ayer martes precisamente para evitar el cordón policial y militar que les ha impedido manifestarse en contra del robo y la corrupción que durante años se vienen produciendo en esa oficina dependiente de la presidencia de la República.
Hombres y mujeres, ciudadanos probos, pacíficos, sin pistolas ni fusiles, sin granadas ni bombas, sin más armas que la palabra y los derechos que le da la Constitución, fueron mancillados tras recibir órdenes directas de la presidencia en un hecho bochornoso que pone de manifiesto el clima dictatorial que vive el país.
Cuando un periodista –valiente- se atrevió a preguntarle al presidente Medina sobre la sanguinaria acción policial, evidentemente molesto siguió su camino tras inaugurar un árbol de navidad.
Así actúan los dictadores, no los demócratas, ni los amantes de la justicia y la libertad.
Ya lo dice el pueblo, «es mejor un malo conocido que un bueno por conocer».
Estoy convencido de que estamos ante el «Trujillo del siglo 21» al que tanto le teme Leonel Fernández. Un hombre ambicioso, lleno de resentimientos sociales, que al igual que otros déspotas, no tolera el discernimiento ni que lo contradigan.
Las imágenes presentadas en televisión de la policía golpeando y atropellando a ciudadanos que piden transparencia en el manejo de los fundos públicos y que los corruptos sean sometidos a la justicia y enviados a la cárcel, nos recuerdan los peores momentos de la dictadura de Trujillo y los «12 años de Balaguer» cuando la vida humana valía «menos que un cigarrillo crema», como dijera Juan Bosch.
Es obvio que el «Estado de Derecho» del que tanto habla la prensa oficial, va desapareciendo lentamente.
Ya lo he dicho: La caricatura de democracia que vivimos está desapareciendo. Pronto no podremos hablar ni protestar en ningún lugar sin correr el riesgo de que la Policía, grupos paramilitares armados y las Fuerzas Armadas, nos entren a palos, nos encarcelen y nos maten.
Detener al dictador del siglo 21 es tarea de todos, incluso de los miembros del Partido de la Liberación Dominicana que quieren vivir en libertad y democracia.
No sé ustedes, yo le temo a otra dictadura.

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