El “Diccionario de símbolos”, recién publicado por Bruno Rosario Candelier, no es obra común ni pasajera, no es publicación de ciclo corto, sino un texto llamado a perdurar y que conlleva la misión de contribuir a que los dominicanos conozcamos más de nuestro perfil como pueblo, y al mismo tiempo apreciemos la vinculación de nuestras creencias y formas de ser con las concepciones predominantes del universo.
Tengo razones para considerar que con el “Diccionario del español dominicano” y el “Diccionario fraseológico”, publicados respectivamente en los años 2013 y 2016, “Diccionario de mística” (2017) el “Diccionario de símbolos” (2017) constituye una tetralogía demostrativa de que la Academia Dominicana de la Lengua, con cuya iniciativa, y al amparo de la Fundación Guzmán Ariza, han aparecido las cuatro obras, vive su mejor momento de productividad intelectual y bibliográfica.
Con el “Diccionario de símbolos” Rosario, director de la Academia, dota a las letras dominicanas de una obra nunca soñada por los lectores, quizá tampoco por la comunidad intelectual y probablemente considerada una quimera por muchos escritores e investigadores. Pero ya está. Se trata de una aleación perfecta de nuestra cultura literaria con el imaginario popular y ejemplos de la más alta función de las palabras, en la que los creadores literarios interpretan el sentimiento del común de los hablantes.
Otros diccionarios, ocupados en el tema de los símbolos, enfatizan en signos, íconos y otras representaciones montadas en objetos materiales. El de Rosario Candelier, que abarca desde ABEJA hasta ZAFACÓN, es constante en abordar las tres dimensiones de las palabras: denotativa, connotativa y simbólica. Nuestro autor prefiere “descifrar la voz de las cosas” con visión de filólogo y de metafísico, y este procedimiento le ha permitido estructurar un libro que no tiene precedente en República Dominicana y que era necesario, aunque no esperado.
Por los símbolos asomamos al misterio como a una casa cuyo interior captamos por una puerta entrejunta. El símbolo alcanza más que la metáfora. Juan Eduardo Cirlot, en el prólogo de la primera edición de su Diccionario de símbolos tradicionales, justifica su inclinación por esta actividad con estas palabras: “Nuestro interés por los símbolos tiene un múltiple origen; en primer lugar, el enfrentamiento con la imagen poética, la intuición de que detrás de la metáfora, hay algo más que una sustitución ornamental de la realidad…” (pág. 13).
Con el Diccionario de símbolos de Bruno Rosario Candelier, la República Dominicana ingresa al exclusivo círculo de las naciones que cuentan con semejante recurso intelectual. Y esto es bueno saberlo y hacerlo saber. Congratulo al doctor Rosario Candelier y con justificado alborozo proclamo: ¡Enhorabuena, Bruno!
of-am


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