El actual modelo político imperante en nuestros países del tercer mundo, hace rato que colapsó. Sobre todo aquí; pues, luego de la dictadura del “perínclito”, en donde como nación tuvimos un leve respiro de no más de 7 meses, cuando gobernó el Profesor Juan Bosch, aquí, lamentablemente no hemos sentido (por más que se diga), suficientes avances en materia de lo que es la verdadera política al servicio de los más genuinos y sanos intereses de la nación.
Ahora bien, de lo que se podría llamar la práctica “anti política”, ahí sí, ahí hemos tenido demostrativos avances, los cuales han significado un durísimo retroceso en materia de lo que bien podríamos llamar política pura, pues, muchos creyéndose que los son, han adoptados como filosofía o bandera de presentación y/o actuación, las diversas prácticas que ensombrecen y llenan de vergüenza a determinada sociedad.
Aquí (repetimos), el modelo político se agotó, justo cuando un grupo al servicio de foráneos intereses prefirieron servirles a otras causas, en vez de estar al lado de los mejores intereses de la patria de Duarte.
En esta media isla, por más que se diga, no es mucho lo que hemos avanzado. Muy a pesar de que han surgido loables intentos para rescatar la esencia misma de la práctica política, pero desde el punto de vista del ejercicio ético, aquí todavía estamos prácticamente en pañales.
No pasan 72 horas, sin que los diversos medios de comunicación, den infaustas informaciones de nuevos hallazgos de actos corruptores, en donde los protagonistas, son precisamente, aquellos que por décadas han estado enarbolando un tipo de discurso “esperanzador” para los diversos sectores nacionales, mayormente, los llamados de “abajo”.
Las diversas fuerzas políticas, deben llegar a un consenso para que haya una legislación acorde a lo que la sociedad demanda para su desarrollo integral. En donde podamos tener una verdadera ley de partido afín a la realidad que demandan los tiempos modernos, y no como la actual (la 33-18), la cual contiene serias lagunas que nos impiden un avance como el que demandan los más sanos intereses de la nación.
En la actualidad, somos espectadores y víctimas a la vez, de dantescos escenarios. Nos están llevando como colectivo social a un terrible abismo, en donde, si no es por la sapiencia de quienes en estos momentos están arriesgando el pellejo para enfrentar desde el poder la corrupción a través de un Ministerio Público con pantalones femeninos, pues lamentablemente, el proceso de autodestrucción política estaría más acelerado de como venía ocurriendo en administraciones gubernamentales pasadas.
JPM


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