“Las bienaventuranzas enseñan humildad, compasión y justicia. (Mateo 5:3-10🙂 “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…” (Marcos).
En tiempos donde el ruido del mundo moderno y las urgencias políticas, han opacado el verdadero sentido de educar. Es urgente rescatar la figura del maestro, y no del profesor técnico, ni del empleado público con tiza en mano, sino del formador de conciencias, del educador con vocación, del que enseña predicando con el ejemplo.
Usamos “maestro” y “profesor” como sinónimos, no lo son. El profesor es quien domina una disciplina y la transmite, generalmente en niveles medios o superiores. El maestro, en cambio, enseña desde el alma: acompaña las primeras letras, corrige con ternura, y educa desde la raíz.
En ese sentido, el maestro es una figura fundacional en la vida del niño. Es quien forma, no solo académicamente, sino también en moral y cívica a los adolescentes. El maestro deja huellas, no notas; sin embargo, en nuestro sistema educativo, esta noble vocación se ha visto empañada por intereses ajenos al aula.
Los sindicatos magisteriales, creados originalmente para defender derechos laborales y promover la calidad educativa, se han transformado en instrumentos de presión política. El clientelismo ha sustituido al mérito, y el activismo ha desplazado a la vocación.

Como gozan de fuero laboral, una gran parte del actual profesorado no ejerce por vocación magisterial, sino por convicción salarial. Para muchos, enseñar no es una pasión ni una misión, sino una vía estable para asegurar un empleo.
El problema no radica únicamente en la formación académica deficiente, sino en el partidismo político que corroe el sistema educativo. Muchos de esos nombramientos responden más a compromisos partidarios que a méritos profesionales o competencias pedagógicas.
Jesús, maestro por excelencia, me guiaba por los caminos de la verdad, no tenía gremio, ni aspiraba a reconocimiento académico. Enseñaba en las calles, en las montañas, en los hogares. Su pedagogía era la del amor, la humildad y la entrega total.
Hoy, cuando más se necesita educar con el corazón, urge recuperar ese modelo. Necesitamos maestros con vocación, no técnicos del currículo; formadores que inspiren y que no solo informen.
Pidamos más educadores que amen lo que hacen y comprendan que enseñar es un acto de servicio y trascendencia, por eso; ¡Carajo! ¡Quiero maestros no profesores!
06/08/2025


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