Nueva generación, nueva representación dominicana en NY (OPINION)

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El autor es educador e historiador. Reside en Nueva York.

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Por ANTONIO A. MENDEZ 

El martes pasado, el representante Adriano Espaillat perdió las primarias demócratas del distrito 13 de Nueva York. La ganadora fue otra dominicana: Darializa Avila Chevalier. Llegó al distrito sin un amplio historial de trabajo comunitario, pero con el respaldo clave del alcalde Zohran Mamdani.

Antes y después de la votación, ambos equipos cruzaron acusaciones. Espaillat y sus seguidores calificaron a Avila Chevalier de “anti-dominicana”, “pro-haitiana” y “oportunista” sin trayectoria reconocida en la comunidad que aspira a representar en noviembre.

Las causas de la derrota de Espaillat son múltiples: el clima político de la ciudad, el desgaste tras años en el cargo, las alianzas de cada campaña y la nueva dinámica del Partido Demócrata en Nueva York. Pero ese no es el punto central.

Lo relevante es un fenómeno más profundo: el cambio generacional en el liderazgo político dominicano de Nueva York.

Una transición que se completa

Con la victoria de Avila Chevalier, mujer nacida y criada en Nueva York, se consolida el relevo. De los seis concejales que se identifican como dominicanos o de ascendencia dominicana, cuatro nacieron y crecieron en la ciudad. También un asambleísta y un senador estatal pertenecen ya a la segunda generación. Lo que por décadas fue una representación de inmigrantes de primera generación empieza a quedar en manos de sus hijos e hijas.

No es solo un cambio de nombres. Es la transformación natural de una comunidad que echó raíces y ahora produce sus propios liderazgos. La migración dominicana dejó de ser un fenómeno de recién llegados para convertirse en una comunidad establecida en el tejido político, económico y social de la ciudad.

Dos experiencias, dos agendas

Los nuevos representantes viven una realidad distinta. Espaillat, Guillermo Linares y otros líderes históricos crecieron en República Dominicana, emigraron jóvenes y construyeron carrera representando a inmigrantes de primera generación. Sus temas eran reunificación familiar, regularización migratoria, remesas y la relación con el gobierno dominicano.

Los nuevos líderes nacieron, se formaron y votan en Nueva York. Su identidad dominicana no desaparece, pero está mediada por las escuelas públicas, la crisis de vivienda, la desigualdad educativa, el acceso a salud, la violencia urbana y las barreras que enfrentan las minorías en EE. UU. Es natural que sus prioridades sean otras.

Eso no borra el vínculo con República Dominicana. Los lazos familiares y culturales continúan. Pero la política interna de la isla ya no pesa igual. Mientras la primera generación mantenía relación directa con partidos dominicanos, la nueva generación se enfoca en políticas públicas que impactan la vida diaria de sus electores en Nueva York.

Revisar prioridades

Como insiste el líder comunitario Rafael Sensión, la comunidad debe prestar más atención a lo que ocurre en sus propios barrios y reducir el excesivo enfoque en la política dominicana. Esa reflexión tiene hoy más vigencia que nunca.

La comunidad ya no es solo inmigrante. Hay cientos de miles de estadounidenses de origen dominicano nacidos aquí y una tercera generación en ascenso. Para ellos, RD es herencia cultural, pero su proyecto de vida está en Estados Unidos: aquí estudian, trabajan, pagan impuestos y votan.

Concentrar esfuerzos en vivienda asequible, calidad escolar, seguridad, desarrollo económico y empleos bien pagados fortalece la base política y convierte ese poder en beneficios concretos para los vecindarios dominicanos.

Qué significa representar hoy

Por años se asumió que un representante dominicano debía ser puente permanente entre Nueva York y RD. Esa función fue clave en su momento. Hoy, la responsabilidad principal es representar con eficacia a los ciudadanos del distrito, sin importar sus vínculos con el país de origen.

Hay quien alega que la representación debe seguir atada a RD porque miles mantienen propiedades y familia en la isla. Es un argumento con base, pero describe una realidad que cambia rápido. Las nuevas generaciones no construyen su identidad política alrededor de un posible retorno, sino de su participación plena como dominicanos-estadounidenses.

Por eso, este relevo no es pérdida de identidad. Es una nueva etapa. La comunidad puede mantener lazos culturales y económicos con RD mientras define una agenda propia en EE. UU. Ambas dimensiones no se excluyen, pero exigen reconocer que las prioridades de una comunidad madura difieren de las de una recién llegada.

El desafío de las próximas décadas

La llegada de una nueva generación de líderes va más allá de una victoria o derrota electoral. Simboliza el paso de una comunidad inmigrante a una comunidad que pelea por integrarse plenamente a la vida política estadounidense.

El reto es doble: que los nuevos representantes y la propia comunidad entiendan esa transformación, y que construyan una agenda que responda al presente sin romper el vínculo histórico y cultural con la tierra de sus padres y abuelos. Esa será la gran tarea política de los dominicanos en Nueva York en los próximos años.

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