Recientemente he vivido de cerca un caso de demanda de guarda y regimen de visita en los tribunales correspondientes. Generandose por consecuencia del mismo la mayor preocupación en mis años de investigador y periodista y provocándome muchas noches de insomnio las cuales he aprovechado para meditar, profundizar y razonar todo lo que me pueda facilitar transparencia y entendimiento a esta situación tan compleja, y que sinceramente, aun no llego a entender.
Pero, si he logrado percatarme de la ausencia de políticas públicas que protejan y salvaguarden la salud física, mental y emocional de niños, niñas y adolescentes, segmento más vulnerable del conglomerado social; además de una gran debilidad y desacierto o descuido en nuestro sistema de justicia frente a la niñez y su entorno familiar.
No sé hasta cuánto recae responsabilidad a los jueces directa o indirectamente en este tema, independientemente de lo que compete a los gobiernos que manejan los presupuestos y recursos en general que debiesen llegar a cada unidad de impartir justicia y demás poderes del Estado dominicano. Ambos poderes, el judicial y congresual que por otro lado les corresponde establecer políticas, normas y diferentes medidas para eficientizar el sistema de justicia para la prevención, manejo y resolución de conflictos familiares, así como la salvaguarda de los principios de familias sanas.
Todos los profesionales de la conducta humana; sociólogos, psicólogos, psiquiatras, criminólogos y criminalistas, coinciden en que el deterioro social que hoy amenaza la paz colectiva y la vida civilizada en respeto de un “Estado de Derecho Democrático” y de salud espiritual, emocional y física, como lo mandan la Constitución y el Libro de Libros en sus Mandamientos. Circunstancias que principalmente se desprende del desorden institucional imperante en el país y por la irresponsabilidad de las autoridades estatales.
Mis reflexiones con relación a la vulnerabilidad que viven nuestros pequeños me ha llevado a descubrir una situación que al parecer han dejado o no han querido abordar los profesionales expertos relacionados al tema que nos ocupa, quienes deberían despertar consciencia a causa de la alta tasa de subordinados, (niños, niñas y adolescentes; mujeres y hombres estos dos últimos en el trabajo), abusados y acosados sexualmente o moralmente en las diferentes empresas, instituciones públicas, centros comunales, iglesias, centros educativos y hogares; atreviéndome a afirmar, que todo esto se debe a que la mayoría de hogares de la República Dominicana tienen escasa educación sexual y no hay una debida privacidad en las intimidades sexuales de los padres o las parejas, en razón que esta mayoría duermen y comparten una sola habitación dejando a vista de todos los ocupantes las intimidades.
Lo que ha provocado la falta de principios y valores morales por parte de la gran mayoría de hombres, los cuales se convierten en degenerados, pervertidos, acosadores y violadores sin ningún respeto a la mujer y la intimidad de la vida sexual de los demás.
Es apremiante profundizar las investigaciones por parte de expertos con relación a esta debacle social y crear consciencia al respecto. Además, promover políticas públicas, alianza para la Infancia y la protección contra el acoso sexual y moral.
jpm


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