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Como dice este encabezado: ¡¡me faltan fuerzas padre!! , fue un grito dolorosamente estremecedor y patético lanzado por un mozalbete aferrado con impotencia al regazo de uno de sus parientes, cuando en el camposanto se daba sepultura al cadáver de su progenitor, asesinado por delincuentes en el sector La Puya, de Arroyo Hondo, en Santo Domingo.
El grito del joven adolescente, hijo de Ramón Emilio Magallanes, ultimado por cacos que lo despojaron de algunas de sus pertenencias; fue simplemente conmovedor. Pero sobre todo fue palpable y sobrepasa la impresión de algunas autoridades, en el entendido de que obedecen a simple percepción.
El del hijo de Magallanes pudiera ser un caso más, pero la dolorosa lectura de este triste y por demás lamentable acontecimiento es, tal vez, que los dominicanos, sobre todo los periodistas y autoridades, han perdido la sensibilidad y capacidad de asombro.
El acontecimiento, ocurrido poco antes de partir hacia Nueva York luego de unas merecidas vacaciones; que nos hayamos enterado, sólo fue objeto de comentarios por parte del periodista Miguel Guerrero quien se lamentó de la desgarradora escena de dolor del hijo de la víctima.
Ante una escena como esta- que tal vez se sucederán otras similares-, uno se da cuenta de cómo ha cambiado la sociedad. Y no nos referimos simplemente a los actos delictivos. Hablamos de cómo el poder, la politiquería y otros eventos banales, han condicionado a la sociedad a que entiendan esta tragedia como la ocurrencia de sucesos normales.
Y es que, como dijimos en un panel televisivo donde fuimos entrevistados recientemente en Santo Domingo, hace falta que el presidente se pronuncie contundentemente en torno a estas calamidades.
No basta con la sensibilidad o los afectos propios de las actitudes promocionales o poderes fácticos que mueven al mandatario a invertir y visitar a los agricultores en las visitas sorpresas.
Porque sí en verdad estos encuentros indican que Danilo Medina pone los oídos en el corazón de la gente, en esta coyuntura de secuencias delictivas, hace falta que también muestre solidaridad y sensibilidad ante la familia y los hijos de padres y madres, víctimas de los delincuentes. Con la inercia ante la inseguridad social, los demás actos no pasarían de ser sensiblerías politiqueras.
Porque Medina, como tutor de los dominicanos, no sólo debe limitarse a externar condolencias ante los decesos de connotadas figuras. Si entiende que ha hecho un buen gobierno que se corresponde con los desposeídos, debe pronunciarse ante estos horripilantes hechos.
De continuar indiferente e impertérrito ante estas desgracias, sus gobernados, sobre todo los dolientes de abajo, entenderán que sólo preside un gobierno mediático y ambicioso y, subsecuentemente, a otros jóvenes como el hijo del malogrado Magallanes, LES FALATARAN FUERZAS para alcanzar un futuro promisorio que, no necesariamente, se circunscribe a la siembra de aulas docentes en todo el país.
JPM


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