En estos días y mientras evito el descuido nacional sobre temas vitales, pude observar algunos hechos que no se pueden dejar pasar por alto. Al fijar mi atención, de ignorante observador, veo algunos acontecimientos que atentan contra la democracia de este país. Uno de ellos, es el intento de eliminar el 50 + 1.
El famoso 50+1 surgió del «Pacto por la Democracia» entre el líder de masas José Francisco Peña Gómez y el octogenario presidente dominicano Joaquín Balaguer. Ambos caudillos estuvieron de acuerdo con dicho pacto. Ya que, con este sistema, el candidato ganador tendría una mayor representatividad y legitimidad. Este acuerdo, también fue apoyado por el eminente Dr. José Rafael Abinader.
No podemos dejar de destacar, que la mayoría de países latinoamericanos, incluyendo a Brasil, Argentina y Chile, respaldan la segunda vuelta electoral o balotaje, y es un sistema que surge en Francia. Uno de los países que no usa este sistema político, es Cuba, ya que es un sistema monopartidista y autoritario.
Para la República Dominicana no sería una novedad que se quiera cambiar las reglas de juego. Por desgracia de este pueblo, muchos gobiernos han intentado modificar las reglas y, no se cansan de tropezar, de manera compulsiva y tantas veces, con la misma piedra. Ejemplo similar, fue lo ocurrido en el año 2019, que la consigna central de algunos líderes y de la sociedad, fue:«preservar la democracia y hacer respetar la ley».
Pasar de la democracia a la autocracia, constituyen una de las amenazas que más nos preocupa. Nuestro país ha sufrido y ha sido víctima de manipulaciones —de todo tipo y distintas formas—, una de ellas, cuando se ha utilizado el Congreso Nacional como punta de lanza. Todos sabemos que Trujillo para legitimar todos sus caprichos fue respaldado por su «Congreso». La historia registra que el Congreso, en muchas ocasiones, ha actuado contra el pueblo dominicano y con eso hay que tener mucho cuidado.
Todo proceso democrático tiene que tomarse en cuenta, más a la hora de modificarse la Carta Magna. La sociedad dominicana busca garantía institucional y apuesta a la igualdad y a la participación e inclusión social, no a la marginación. Se debe cerrar las brechas de más desigualdades. Esta sociedad muestra preocupación de que se caiga en la tentación de quebrantar los avances democráticos que tanto nos han costado.
Para lograr estas garantías, alejadas de la arbitrariedad, es necesario tomar en cuenta sus propias bases y, luego, un referéndum popular, ya que estos actores gozan, en la democracia moderna, de la capacidad de acción colectiva, influencia social, electoral y legislativa. Hoy en día, con los avances en la comunicación, la sociedad tiene mucha madurez cívica y una influencia social sin precedentes.
Hay que estar claros, que existen pilares que sostienen la democracia y permiten su supervivencia. En la actualidad, el oficialismo muestra clara debilidad para gestionar democráticamente sus asuntos internos y una mala gestión en la relación con la sociedad. La sociedad busca el voto de castigo y amenaza con usarlo como arma de revancha. Mientras la estrategia de grupos es —como un as bajo la manga—, en recurrir a modificar las reglas.
Desde este punto de vista, la minoría insoportable, no puede detener los derechos de la gran mayoría. Sus miedos y preocupaciones a una derrota contundente, no puede lesionar un sistema de elecciones que, hasta unos años atrás, fue el ideal. La democracia preserva los derechos. La amenaza más significativa para la supervivencia de la democracia, es la manipulación arbitraria y radical de sus sistemas de votaciones o elecciones.
Los sectores minoritarios, pero con gran influencia política, desatan una guerra, primero en la interna de su propio partido y luego, imponiendo la eliminación del 50 + 1; o sea, la minoría, por encima de la mayoría. La influencia de estos grupos y actores partidarios, atentan contra los intereses de la población en general. Están apostando a reemplazar las reglas vigentes que no les son convenientes. Necesitan un traje hecho a la medida y diseñado por ellos.
El problema es, que resulta remota la posibilidad de competir electoralmente en una segunda vuelta electoral. La sociedad aboga por elegir los mejores. Que exista competencia, legitimidad y el funcionamiento democrático. La sociedad demanda ecuanimidad, prudencia y equilibrio de fuerzas entre el Gobierno y la sociedad. Ese equilibrio (si alguna vez se alcanzó completamente) parece estar lejos de la situación actual. Eso también representa un peligro para la supervivencia del sistema democrático.
En sociedades modernas ningún estamento está al margen del control ciudadano. Es penoso, que la mayor amenaza para la democracia dominicana, provengan de sectores con amplio rechazo popular.
jpm-am


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