Los «sin bandera»  

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El autor es licenciado en Diplomacia y Servicios Internacionales. Reside en Santo Domingo

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«Quien vende la patria, vende su madre»  

Hemos tratado en anteriores columnas, sobre la perversidad en lo que se refiere al tema haitiano. Debemos prestarle suma atención a un grupo —de seres detestables— a los que llamaremos, «sin bandera». Estos supuestos dominicanos cambian de bandos, sin ningún sentimiento de culpa ni remordimientos.

Los sin bandera son manipuladores, simuladores, perversos y su único fin, es buscar respaldo para seguir enquistados en los diferentes poderes del Estado. Debemos destacar, que uno de los peores insultos es llamar a alguien, sin bandera: es peor que el «vendepatria».

El sin bandera no solo manifiesta su interés, afición o apoyo a un país extranjero en detrimento del propio. El sin bandera busca destruir hasta su propia cultura, identidad y familia. Estos destruyen la nación y como si nada se van del país. El sin bandera no es nacionalista o finge serlo.

El sin bandera, durante el día, defiende la nación y, en la noche, la vende. El sin bandera no tiene escrúpulos ni identidad. Escribe de a tanto por líneas o analiza las mejores formas de sacrificar el país.

La historia de la República Dominicana registra muchos individuos de semejante naturaleza. Esas personas no tienen fe en hacer realidad la nacionalidad dominicana. Su placer es luchar contra los ideales de Duarte, Luperón y Fernández Domínguez, entre muchos otros, todos altamente nacionalistas y demócratas.

En la historia moderna, ya empiezan a tratar de hacer de las suyas. Los sin bandera deben ir al zafacón de la historia. Hoy día, se empeñan en colocar a Haití —bajo supervisión y monitoreo de potencias extranjeras—, pero, como una especie de protectorado de República Dominicana.

Estos lisonjeros hipócritas, con total «habilidad» y actitud sínica, rastrera y siniestra, buscan convencer a los dominicanos de que somos atrasados y hasta diseñan estrategias, haciéndonos creer que todos somos negros descendientes de haitianos. Cuando nuestro pueblo, con orgullo, es mayoritariamente mestizo y, ha absorbido lo mejor de cada una de las razas. Así está conformada la identidad dominicana.

Estamos claros, que se puede tener una buena relación con otros países; pero jamás bajo la condición de sacrificar lo más sagrado que es la soberanía. Esta hipocresía sin límites, tanto en lo interno como en lo internacional, nos está cansando.

La neblina de la simulación quiere confundirnos a todos, abarcar todos los cimientos de nuestra identidad y con estrategias que impiden distinguir el panorama. El sin bandera, con tal de convencer a los demás y alejarlos de la verdad y la razón, es capaz de engañarse a sí mismo.

Estos inescrupulosos, con total eficacia, cultivan la cizaña de la mentira para que opaque el fruto de la verdad. La verdad, aunque duela y aunque cueste, es saludable. Quien no sea amante de la verdad, mejor que no nos lea.

Estos fusiladores del sentir nacional y de la identidad, son capaces de vender la liebre, sin todavía haberla cazado. Pues se les peló el billete. Ya que, deben saber, que en cada rincón de la patria, existen miles de patriotas dispuestos a defenderla.

Debemos ubicar, cuáles son los que están con el viejo régimen oligárquico, entregador, vendepatria y antipueblo. Debemos fijarnos en los líderes que están con los verdaderos valores nacionales…

jpm-am

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