Los líderes cortoplacistas deben entrar en desuso

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Rafael Peralta Romero

La  política dominicana sufre los efectos del cortoplacismo. Es obvio,
pues la política la hacen los políticos  y los de aquí padecen el
síndrome del cortoplacismo y las consecuencias las sufren la
administración del Estado y  los partidos políticos. Los  efectos se
sienten  en el menoscabo de programas en favor del bienestar del
pueblo.

El cortoplacismo (corto+ plazo+ismo) es un trastorno del entendimiento
que  les   impide a nuestros líderes ver más allá de lo inmediato. El
estadista –se ha dicho- piensa en soluciones para todos y de largo
alcance, el político común busca salidas para grupos y hasta para un
individuo y con efecto inmediato. Aquí carecemos de estadistas.

Aunque el mal es endémico,  el cortoplacismo se ha  hecho crónico en
el año 2019.  Y se ha expandido tanto como el dengue, que es una
consecuencia de la visión a  corto plazo en políticas sanitarias. La
máxima demostración fue la fallida intención de alterar la
Constitución para  que  Danilo Medina fuera de nuevo candidato
presidencial.

Al costoso y afrentoso espectáculo dado por afiebrados  seguidores del
presidente Medina se le unieron efectos colaterales del fenómeno como
la argumentación en favor de juntar las elecciones  municipales con
las presidenciales y legislativas. El cortoplacismo afecta  la visión,
aunque no el órgano de la vista.

Sucede que en 2010, los líderes nacionales  sintieron cierta mejoría
en su quebrantado entendimiento. Reformaron el texto constitucional y
una de las novedades  introducidas consistió en celebrar las
elecciones a cargos municipales en febrero del año correspondiente y
que las autoridades electas  tomaran posesión el 24 de abril, día de
los ayuntamientos.

Líderes y legisladores aprobaron eso  y aún no se cumple, pues es a
partir de 2020, y  cuando falta un año para que la disposición sea
aplicada, quieren modificarla y  descubren e  los costos que podrían
ocasionar. Esos mismos líderes alteraron la Constitución en 2015 y no
se les ocurrió proponer  el cambio que quieren ahora.

A ellos  no les  preocupa que los perciban como cortoplacistas, que
“solo piensan en Santa Bárbara cuando truena”. No les atormenta que la
gente  observe que ellos  solo actúan por objetivos inmediatos. No les
ruboriza exhibirse  reclamando cuestiones que a pocos  interesan. Por
ejemplo, rehabilitar políticamente a Medina.

Nuestros líderes ignoran – o quieren ignorar- que la historia se
escribe cada día, que sus actos  se registran y queda constancia para
la posteridad. En política se hace y se deshace, cada situación
demanda un tipo de acción, cada problema un tipo de solución, cada
momento un tipo de líder. Los líderes cortoplacistas deben entrar en
desuso.

JPM
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