En vez de cuestionar a través de los medios la designación del Ing. Eduardo Estrella como presidente del Senado, la senadora Ginette Bournigal debería seguir su ejemplo y unirse a los que han renunciado a los irritantes privilegios.
Ambos están repitiendo en el hemiciclo. Se conocen. Bournigal sabe que Estrella tiene los méritos para impulsar el adecentamiento del Congreso. Su trayectoria es una garantía indiscutible de que realizará una labor ejemplar.
Bournigal sabe sobre las manipulaciones oscuras por parte del hombre del maletín en el Congreso. Ella misma denunció en Julio de este año, que un proyecto de Ley sobre la privatización del Agua en el que ella trabajó como parte de una comisión bicameral, fue alterado con algún tipo de interés por sectores de poder.
Cuestionar una de las designaciones mejor vista por la sociedad, coloca a la senadora de Puerto Plata del lado de aquellos, que se resisten a los cambios que todos anhelamos. Su actitud es una señal desconcertante.
Debemos de estar alerta, ha llegado el tiempo de separar el grano de la paja. La honestidad y la transparencia, que han marcado el desempeño de la vida pública del Ing. Estrella, no son apreciadas por quienes, solo buscan posiciones para servirse y no para servir.
El pueblo demanda la erradicación sistemática de la corrupción en la administración pública. Se acabó el tiempo de la doble moral, de decir una cosa, mientras se hace otra. Así como les negamos el voto a 29 de los 32 senadores de la pasada administración, seguiremos votando en contra de aquellos que resisten los cambios que todos anhelamos.
Las resistencias serán demolidas por el hartazgo de un pueblo cansado de tantos engaños, mentiras y corrupción. Al “Barrilito y el Cofrecito” les está llegando su fin. Hay un despertar de la consciencia colectiva. Nuestra Constitución, condena todo tipo de privilegio y toda situación que tienda a quebrantar la igualdad de todos los dominicanos.
Las migajas que repartieron en las pasadas elecciones no fueron suficiente para permanecer en el poder. Los blocks, el cemento, las varillas, los útiles escolares, los quinientos pesos, el pica pollo, el transporte a las urnas y todas sus artimañas, no lograron engañar al pueblo.
El artículo 93 de la Constitución establece que la función principal del Congreso Nacional es legislar y fiscalizar en representación del pueblo. Pero lo han olvidado a conveniencia y en vez de legislar procurando el bienestar colectivo, usurpan las funciones del ministerio de salud regalando recetas médicas, disponiendo de ambulancia, que con sus nombres en letras grandes recorren barrios y avenidas, presentándose como benefactores.
Ningún artículo de nuestra Ley de leyes dispone que los legisladores deben suplantar las funciones de otras instituciones. Deben de ser ejemplo del cumplimiento de las leyes y no los primeros que la violan.
JPM


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