Las fibras emocionales que configuran la cultura de un pueblo las aportan sus gentes. Es la manifestación del ser y la composición del dominicano la que se expresa a favor de ese promontorio tórrido y florido que es loma Mirada. Nuestro poeta nacional, Don Pedro Mir, recogió el sentimiento por el suelo patrio cuando evocó con sus versos nuestros montes, ríos y bahías y otros pródigos accidentes que abundan en nuestra ensoñadora tierra. Pero así como todo proyecto llevado de la emoción requiere de alguna dosis de racionalidad; todo proyecto racional, para humanizarse y ser viable, requiere también de cierta dosis de romántica emotividad, especialmente cuando su implementación tiene impacto sobre todo un pueblo, y la realidad sobre la cual se impulsa está condicionada por intereses con diversos componentes técnicos, y sobre todo político. En este marco, loma Miranda se ha convertido en una de las experiencias más aleccionadora que hemos tenido. Por un momento, un emotivo populismo quizo que todo se viera de un solo color, y así parecieron verlo los congresistas que precipitaron su decisión y enviaron al Poder Ejecutivo una ley defectuosa y vulnerable en aspectos legales y técnicos. Ellos se apresuran a complacer el populismo, esa ola que impulsa simpatías y adhesiones, aunque vaya en desmedro de las normas y los comedimientos necesarios para el aprovechamiento adecuado de cualquier proyecto. Desde el poder, con frecuencia, se reacciona bajo la premisa de que si es popular es bueno, sin el debido discernimiento de que no siempre ambos criterios coinciden. Nuestro accionar político, caracterizado por las salidas al vapor de los problemas que requieren reflexión y estudio, motivó la llegada de la ley de loma Miranda a las manos del presidente Medina, quien se suponía no iba a poner en riesgo su nivel de popularidad y la promulgaría sin mayor dilación. Fue aquí donde el presidente Medina nos dio a todos una gran lección de responsabilidad ciudadana, de genuino patriotismo y de competencia como estadista. El presidente Medina observó la ley en todas sus partes, explicó las razones sobre la que tomó su decisión y a través de Twitter le puso un poco de encanto y poesía a su dramática decisión. “Nadie puede amar a la Patria más que yo. Como yo, sí; pero más, no. Yo estoy a favor de Loma Miranda y de todas las lomas de República Dominicana. Siempre defenderé el suelo y el subsuelo de mi país. Mientras sea presidente me aseguraré que no se producirá explotación alguna, sin salvaguarda del medio ambiente”.
Loma Miranda, populismo y responsabilidad de Estado
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