Se teje un nuevo movimiento de meter de contrabando una reforma fiscal. En numerosas ocasiones se ha intentado esa reforma impositiva, pero se abandona la acción debido a su alta dosis social.
Los asesores piensan que el gobierno perdería popularidad si arremete con nuevos impuestos, en momentos de crisis real de la economía. Para el sector oficial, el factor económico está en pleno desarrollo y con buenos vientos, pero en la calle hay otra realidad.
El eterno grave problema de la economía es que tiene varias caras, y sus estragos finales van a las espaldas de los consumidores de menores ingresos. Se puede poner cargas impositivas a los inversionistas, pero éstos las rebotan al consumidor final.
El aumento salarial ha sido positivo, beneficia a los que ganan un salario mínimo y les da la oportunidad de poder planificar sus finanzas, pero tiene un lado envenenado. El reajuste salarial ha producido despidos en una cantidad importante de comercios e industrias
Se busca entrar con la reforma en pequeña escala y por partes, bajo el estandarte de revisar disposiciones obsoletas, e impuestos que alegadamente no se cobran.
En cualquier momento llegará al Congreso Nacional el sueño de las reformas, con variaciones impositivas, pero cargando a los consumidores el pago de nuevas tarifas fiscales.

El integrante de la clase media hacia abajo no soporta mayores cargas impositivas. Se le debe dar un respiro. La canasta básica en su primera entrega está muy por encima del salario mínimo en su máxima expresión.
No se olvide que hay diferentes escalas de fijar el sueldo mínimo, de acuerdo al capital registrado por la empresa y el negocio. No es lo mimo el salario mínimo de un salón de belleza o una peluquería de tres empleados, que una cadena de supermercados.
Los economistas oficiales ven como una necesidad la reforma impositiva, comenzando con un paso a primer nivel, para ir luego haciendo reajustes. Tomando en cuenta la temporada política, este sería el año clave para hacer ese movimiento económico.
Cualquier acción que se tome dejará un espacio de un año con el momento en que entre de lleno la campaña política con miras a las elecciones del 2028. Son incompatibles elecciones y proselitismo partidario, por lo que sería ir cuesta arriba hacer reformas luego de la mitad del venidero año 2027.
Por lo pronto lo ideal es dejar la reforma impositiva tranquila y ver qué salida económica se puede lograr, sin echar más cargas sobre los hombros de los dominicanos.

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