KATIUSKA SUAREZ DE VARELA
Un guerrero, un samurái, fue a ver al Maestro Zen Hakuin y le preguntó: ¿Existe el infierno?¿Existe el cielo?.¿Donde están las puertas que llevan a ellos?
¿Por dónde puedo entrar?
Era un guerrero sencillo. Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus mentes, sin matemáticas. Sólo conocen dos cosas: La vida y la muerte. El no había venido a aprender ninguna doctrina; solo quería saber donde estaban las puertas, para poder evitar el infierno y entrar en el cielo. Hauikin le respondió de una manera que sólo un guerrero podía haber entendido.
¿Quién eres?, le preguntó Hakuin.
Soy un samurái, le respondió el guerrero, hasta el emperador me respeta.
Hakuin se río y contestó ¿Un Samurai, tú? Pareces un mendigo.
El orgullo del samurai se sintió herido y olvidó para que había venido. Sacó su espada y ya estaba a punto de matar a Hakuin cuando éste dijo: Esta es la puerta del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, te abren la puerta.
Esto es lo que un guerrero puede comprender. Inmediatamente el samurai entendió. Puso de nuevo la espada en su cinto y Hakuin dijo: Aquí se abren las puertas del cielo.
La mente es el cielo, la mente es el infierno y la mente tiene la capacidad de convertirse en cualquiera de ellos. Pero la gente sigue pensando que existen en alguna parte, fuera de ellos mismos…El cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora. A cada momento las puertas se abren…en un segundo se puede ir del cielo al infierno, del infierno al cielo.
Desconozco el autor de esta historia, pero al leerla mucha claridad llegaron a mis ojos. Tenemos que despertar de ese largo sueño en que hemos estado insumido por tanto tiempo y tomar conciencia de esta verdad.
Nosotros mismos entramos y salimos constantemente con nuestros pensamientos y actitudes al cielo y al infierno.
Cada vez que exploto en ira hacia algo o alguien, con cada renuncia a la felicidad, con permitir ahogarme en la calamidad, entro al infierno.
Cada vez que sonrío, que me permito ser movido por el optimismo, actitudes positivas, cada vez que hago las cosas desde el amor, entro al cielo.
Así podría escribir situaciones comunes de nuestro diario vivir donde entramos y salimos en esas emociones que pueden condenarnos o salvarnos de nosotros mismos.
Es cierto que nos suceden cosas como individuo, como familia, como sociedad, incluso hasta como país; que por si solas dirías nos llevan directo al infierno…es posible… pero estoy segura que si intentáramos cambiar la actitud y buscar la manera de transformar aquello en algo bueno, en energía buena, pudiéramos desviarnos y encaminarnos al cielo.
En la medida que hagamos conciencia de esto, en nuestras vidas, las puertas que se abrirán con más frecuencia, serán las del cielo.


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