Aunque la Corte Penal Internacional-CPI-, investiga a Nicolás Maduro por crímenes de lesa humanidad, luego de cometer incontables abusos, asesinatos, torturas y llevar a cabo una cruenta represión contra sus opositores democráticos, su auto asignado abogado defensor, el inefable, fabulador y arrogante, Luiz Inácio Lula Da Silva, califica al régimen dictatorial como una víctima inofensiva del pernicioso mundo occidental, que ha creado contra él una narrativa que cuenta una historia ficticia.
Para el presidente brasileño, quién sí fue elegido democráticamente, Maduro fue escogido limpiamente, en elecciones transparentes. Dice que ha visitado países que ni siquiera saben donde está situada Venezuela, pero sin embargo señalan a Maduro como un dictador, algo que para él es incomprensible y demuestra que lo que han sido es, influenciados por la supuesta «falsa narrativa construida».
Sin embargo, lo que verdaderamente es incomprensible es esa contradicción de Lula, que, siendo un presidente elegido democráticamente, defienda a un reconocido por la comunidad internacional y los organismos mundiales que defienden los derechos humanos, como un tirano, criminal de lesa humanidad, que no ha sido nunca elegido de manera transparente, ni siquiera en su primera elección, la cual fue muy cuestionada por la forma antidemocrática en que fue escogido por dictador Hugo Chávez, antes de su muerte.
Recientemente, el líder populista de izquierda, cofundador junto a Fidel Castro, en Sao Paulo, Brasil, en 1990, del Foro de Sao Paulo, entidad política que agrupa a los partidos de izquierda radical y otros menos radicales, desde donde se planifica la subversión en el continente, para desestabilizar gobiernos que no son de orientación comunista, volvió a defender al dictador venezolano.
En esta oportunidad basó su defensa, comparando la negativa de la oposición venezolana a aceptar la victoria de Maduro en las urnas, con el intento de golpe de Estado del 8 de enero en Brasil, afirmando, además, que Venezuela sufre una intervención extranjera.
Como sabemos, el 8 de enero, miles de seguidores fanatizados con el expresidente Jair Bolsonaro, invadieron las sedes de las instituciones que representan los poderes del Estado, en protesta por la legítima victoria de Lula en las elecciones de octubre del año pasado. «¿No tuvimos aquí un ciudadano, un expresidente que no quiso aceptar el resultado electoral? ¿No tuvimos aquí un ciudadano que quiso dar un golpe de Estado el 8 de enero? Hay gente que no quiere aceptar el resultado de las elecciones» Afirmó Lula en una reciente entrevista.
Pero es evidente el descaro de Lula Da Silva. No es lo mismo que él haya derrotado en las urnas a un presidente al que acusa de querer dar un golpe de Estado luego de perder las elecciones, por cierto, tan transparentes que les permitieron triunfar, a que Maduro haya «ganado» unas elecciones organizadas por él, donde utilizó todos los recursos del Estado, neutralizó a los candidatos opositores que podían vencerlos, al inhabilitarlos con acusaciones amañadas, reprimiendo contundentemente, intimidando a los electores.
En mi opinión, Lula debe dejar a un lado su cinismo, el descaro y la arrogancia, porque cada día se desacredita más, con esa vergonzante e inmoral actitud que lo catapulta hacia el basurero de la historia.
jpm-am


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