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Muchos dominicanos (as) están convencidos de que fracasó el movimiento insurreccional de abril de 1965 porque no se pudo reponer de inmediato al profesor Juan Bosch en la presidencia de la República, como se deseaba en ese momento, de acuerdo con la Constitución de 1963.
La cruda realidad fue que los insurrectos tuvieron que cambiar de prioridad ante la injustificada y abusiva intervención militar de Estados Unidos del 28 de abril de ese año, de la que se cumplieron 53 años.
Con la heroica resistencia contra los interventores y la posterior salida de las tropas estadounidenses el triunfo inmediato de los constitucionalistas, mujeres y hombres, jóvenes y adultos, fue la ratificación de la defensa de la soberanía nacional, confirmar la condición de Estado soberano de la República Dominicana, por encima de condicionantes y debilidades.
El pueblo dominicano ha tenido bien clara, por conciencia o simple sentido común, la importancia histórica de que este territorio no sea ocupado por tropas extranjeras. Así ha sido desde la derrota de las tropas francesas en 1808 y 1809, en 1844, 1863 y 1916.
A principios del siglo pasado (1920 y 22) los trabajadores dominicanos, en condiciones mucho más precarias que las actuales, pusieron como primera prioridad la defensa de la soberanía nacional, por encima de sus reivindicaciones inmediatas, en dos congresos obreros realizados en esos años, según se puede ver en las actas publicadas por el Archivo General de la Nación.
Así también el alto mando constitucionalista, encabezado por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, entendió muy bien que la primera prioridad en 1965, después del 28 de abril, era sacar las tropas yanquis del territorio dominicano. La democracia podía esperar…Lo otro era urgente.
Esa es la gran victoria de la insurrección de abril de 1965: la ratificación de República Dominicana como Estado libre de tropas extranjeras, lo que no es poca cosa ante la presencia aún de marines estadounidenses en Guantánamo, Cuba, en Puerto Rico y otros territorios, a pesar de las heroicas luchas de esos y otros pueblos.
Por supuesto, la soberanía nacional, como la democracia, puede debilitarse, condicionarse o deteriorarse con el tiempo. Por eso nos hemos referido a la importancia de frenar los atentados a la soberanía nacional que ocurren en esta época (https://eldia.com.do/frenar- atentados-a-la-soberania/).
Por otro lado, insistimos en la necesidad de aumentar el intercambio comercial con Haití y Cuba para crear más puestos de trabajo en estas dos islas y, por consecuencia, reducir la migración de dominicanos, haitianos y cubanos; creando así mejores condiciones para regular la que quede por encima de ese proceso económico conveniente para todos (https://eldia.com.do/ni-mas- soldados-ni-muro-comercio/).
JPM


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