La Iglesia Católica, sin analizar ni exponerle a la población una razón valedera, toma una posición radical contra las primarias abiertas, apoyando sin reservas las primarias cerradas. Con esta postura, a los obispos se le abrieron las sotanas y dejaron ver el refajo.
Las altas autoridades eclesiásticas se olvidaron del segmento del Padre Nuestro que dice: “..perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación”
Se han olvidado de perdonar a los que ellos creen que los han ofendido. Cayeron en la tentación de juntar macos con cacatas.
Con esta acción, la iglesia católica reafirma que nunca le va a perdonar al Presidente Danilo Medina su valiente posición a favor de las mujeres dominicanas, en cuanto a la despenalización del aborto terapéutico en ciertas condiciones, como son las violaciones, el incesto, las malformaciones incompatibles con la vida, o cuando esté en riesgo la vida de la madre.
A los obispos se les ha olvidado que la inquisición hace mucho rato que pasó. No quieren ver que su membresía va en picada porque no se adecúan a los tiempos y quieren que su feligresía siga viviendo en el medioevo. Una época de oscurantismo, un periodo sombrío, infructuoso e improductivo en la historia de las ideas con creencias desfasadas las cuales las ha expuesto hasta el mismísimo Papa Francisco.
Siguen tropezando con la misma piedra al ponerse siempre del lado de los intereses contrarios al pueblo.
Lo hicieron con Mussolini, con Hitler y aquí con la dictadura de Trujillo, al cual le dieron apoyo solo por la firma de un concordato que, violando sus propias leyes eclesiásticas, le concedió al sátrapa la disolución de su matrimonio católico para que el dictador se pudiera volver a casar.
En el 1962 no pudieron detener el ascenso al poder del Prof. Juan Bosch, al cual acusaron de comunista. Posteriormente, con sus mítines de “reafirmación cristiana” prepararon el escenario para darle un golpe de estado.
Se oponen a cualquier sistema de control de la natalidad, a sabiendas que es una constante, que a mayor cantidad de hijos menos educación y mayor pobreza.
Siguen dándole la razón a Martin Lutero, cuando aquel monge alemán decidió dar un giro de ciento ochenta grados y comenzar a dar la misa de frente a sus parroquianos y en su propio idioma, no en latín y enseñarlos a leer para que pudieran interpretar la biblia por sí mismos.
Martín Lutero les demostró que se podía ser sacerdote y humano a la vez, al casarse con Catalina de Bora y procrear una familia.
Cosa a la que, casi cinco siglos después, todavía se oponen.
La Iglesia Católica, debe revisarse. Debe admitir que aquellos países que siguieron las reformas de Lutero hoy son más educados, más desarrollados, más ricos y sobre todo mucho más honestos.
El índice de percepción de la corrupción, medido por Transparencia Internacional, coloca a los países protestantes como los menos corruptos y en consecuencia, los más progresistas.
América del Norte es protestante, honesta y rica. América del Sur católica, corrupta y pobre. En Europa, ocurre lo mismo.
Es hora de que la iglesia católica comience a atender su cartón. Se le están pasando los bolos.
of-am


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