POR JOSE ARMANDO TORIBIO
Desde hace algunos años, con el auge de las redes sociales, se ha incrementado la práctica de grabar hechos sensibles sin intervenir para ayudar o dar aviso a las autoridades, lo que en muchos casos vulnera la dignidad de las personas involucradas.
Situaciones como peleas, maltrato físico a niños, adultos mayores o personas con discapacidad, son captadas y difundidas diariamente en distintas plataformas digitales, muchas veces con el objetivo de generar impacto, aumentar visualizaciones y obtener reacciones de los usuarios.
Esta conducta también ha derivado en prácticas riesgosas, donde individuos, en busca de popularidad, se exponen a situaciones peligrosas, incluso poniendo en riesgo su integridad física o la de terceros, incluidos menores de edad.

La necesidad constante de documentar todo lo que ocurre ha llevado a que algunos ciudadanos prioricen grabar accidentes, atracos, incendios o disturbios, en lugar de actuar de manera solidaria o responsable frente a estos hechos.
Expertos y sectores sociales advierten que este comportamiento refleja una preocupante pérdida del sentido de comunidad, caracterizado por la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la ausencia de límites éticos al momento de difundir contenidos.
Asimismo, recuerdan que la difusión de imágenes sin consentimiento puede constituir una violación a la intimidad personal, especialmente cuando involucra a menores o personas vulnerables.
De acuerdo con lo establecido en la Ley 24-97 del Código Penal dominicano, en su artículo 337, el atentado voluntario contra la vida privada es sancionado con penas de seis meses a un año de prisión, así como multas que oscilan entre los 25 mil y 50 mil pesos.
Recomendaciones:
Sugiero que, ante situaciones de emergencia, los ciudadanos prioricen la seguridad y el auxilio inmediato, contactando a las autoridades competentes en lugar de grabar y difundir el hecho.
De igual forma, exhortan a promover una cultura digital responsable, evitando compartir contenidos que vulneren la dignidad humana y respetando siempre el derecho a la intimidad de las personas.

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Muy bien. Es una moda de grabar lo grotesco para publicar y ganar notoriedad o más fama. Los alokes o insultos están por doquier.
Empezó con comunicadores dando puñetazos en los escritorios, con palabrotas, denigrando a periodistas mujeres etiquetándolas como “falta ‘e nacho” o me persigue porque quiere sexo conmigo, etc.
Que pena.