POR EDDY PEREYRA ARIZA
La frontera es la zona territorial de tránsito social entre dos culturas, entre países, o en sentido general, es el límite o línea de una parcela o una posesión. Si lo restringimos al ámbito político, este término se refiere a una región o franja, mientras que el término límite está ligado a una concepción política y administrativa, una línea real o imaginaria, un punto que no debe o no puede sobrepasarse.
La soberanía, por su parte, es el distintivo fundamental de los Estados; esto es, la facultad de ejercer la autoridad sobre su territorio. Para que el ejercicio de la soberanía por parte de los Estados no perjudique a otras naciones, se crean límites definidos en porciones de tierra, agua y aire. En el punto preciso y exacto en que estos límites llegan a su fin es cuando se habla de fronteras.
El presidente de la República, Luis Abinader anunció la construcción de un muro fronterizo o verja inteligente, que serviría para mejorar la seguridad en la zona que divide la República Dominicana de Haití.
Hasta hoy los gobiernos dominicanos no habían enfocado el problema fronterizo, sino como una simple cuestión de límites, desconociendo por razones políticas o inexplicables, la magnitud del problema de vecindad al que nos enfrentamos.
El geólogo Friedich Ratzel, quien resaltó la frontera como un producto orgánico de vecindad, distinta a lo del interior, reflexionó sobre las relaciones existentes entre espacio geográfico y población. Su teoría del espacio vital fue aprovechada en Alemania por el Tercer Reich para apoyar su política expansionista, preconizando que, si el estado no posee ese espacio, tiene el derecho de extender su influencia física, cultural y comercialmente.
Con preocupación hay que saber, que las grandes dificultades económicas y sociales por parte de una población como la haitiana, extraordinariamente creciente y sus secuelas de hambre, desesperanza, violencia, sin medio de subsistencia y caos institucional, solo tiene una respuesta lógica, cercana, inmediata y posible: el éxodo masivo a un país de renta media como el nuestro, que supera una crisis de salud, aunque enfrenta otra global con el aumento de precio del petróleo.
Pero Abinader, con una visión realista del presente y del mañana, hace lo que debe y deja en claro que estamos forzados a tener que proteger nuestro territorio ante el avance indetenible de la población haitiana que ven la República Dominicana como su espacio vital.
Por esa razón, la certeza de construir un muro no es un asunto exclusivamente de sentimiento nacionalista, de teoría de legitimidad política que prescribe límites étnicos con oposición a la penetración, es el fundamento de una historia, de un propósito de sobrevivencia de la sociedad dominicana, de su destino y de su actual e imparable progreso.
El país, como lo expresa el presidente, no puede hacerse cargo de la crisis política y económica de Haití, ni resolver el resto de sus problemas, aunque está claro que la verja como afirma el mandatario “beneficiara a ambos países”.
La edificación de la “verja inteligente” representa el inicio de una nueva frontera, llamada a darnos más seguridad, conocimiento de lo que está a nuestro lado; fortaleza y clara identidad de lo que somos, donde estamos, reafirmando lo que nos corresponde.
Esa nueva frontera no solo representa un futuro de desafíos, sino que también involucra el optimismo y deseo del presidente Abinader, de que Haití pueda superar con éxito la adversidad.
El comienzo de la nueva frontera deja ver una vez más, que Abinader representa un cambio en el liderazgo dominicano, con ideas frescas , un enfoque audaz, con valor y sin deuda con un pasado estancado.
Mediante la construcción de esa verja, el país logrará una nueva victoria en la seguridad de la frontera y en el derecho inalienable de su soberanía.
eddypereyra1000@gmail.com
jpm-am


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