La lucha por el Poder

Cuando un dirigente político se lanza a la búsqueda de una meta de poder, su presupuesto contiene todas las variables-tanto positivas como negativas- los obstáculos a vencer y las dificultades a sortear. Eso es teoría política elemental. Sin embargo, es posible que a pesar de establecer una hoja de ruta—llamémosla estrategia-, en el camino vayan surgiendo imponderables que asimismo son abordados y enfrentados conforme su dimensión e importancia. Eso también es terreno conocido por todos los que dominan el ABC de la política, más aun por quienes ya están curtidos en esas lides, como es el caso del ex presidente Leonel Fernández. ¿Es nuevo lo que ha ocurrido con el líder del Partido de la Liberación Dominicana, tanto los acosos anteriores como la agresión en Nueva York? Por supuesto que no. Hay referentes a montones. En 1966 la República Dominicana estaba inversa en una campaña electoral juntamente con un conflicto militar no concluido, a pesar del aparente clima de distensión que se había logrado tras un acuerdo de cese el fuego y conclusión aparente de la guerra civil. El doctor Joaquín Balaguer andaba en su permanente activismo en procura de ganar aquellas elecciones que iba a disputar al profesor Juan Bosch, eje de inspiración del movimiento constitucionalista que lideró la guerra civil. Una de las actividades más riesgosas para el líder reformista tendría lugar en La Romana, ciudad fabril con una clase obrera adversa a Balaguer, a la cual se le advirtió que no debía ir ante el peligro de ser agredido. “Entraremos a La Romana como sea”, dijo Balaguer a su seguridad y a colaboradores, pues “si no vamos a La Romana no podremos ir a ninguna otra ciudad”. Y entró a La Romana en medio de una balacera, según me lo contó el propio estadista en una de las conversaciones que generosamente mantenía conmigo algunos domingos cuando estaba fuera del Poder entre 1978 y 1986. Antonio Guzmán llegó a la Presidencia tras sortear inmensos obstáculos, entre ellos verse obligado a retirarse en 1974 para evitar una matación de seguidores. El caso es que lo ocurrido a Leonel en Nueva York, y que algunos medios han dimensionado al nivel de una emboscada casi cruenta, no tiene ni por asomo la categoría de situaciones que un político en campaña deba considerar de alto peligro. Leonel tiene que estar preparado—y de hecho lo está–, para enfrentar situaciones adversas, más si las próximas encuestas le siguen marcando puntero aun sin ser candidato. “Nadie gobierna inocentemente”, se inventaron los revolucionarios franceses para encontrar la vía de guillotinar al rey Luis XVI, de quien se dice jugaba muñeca mientras ardía París. En 12 años de administración, tampoco Leonel podía gobernar inocentemente, lo cual significa que dejó una estela mala y una estela buena. Sus adversarios, públicos o solapados, dimensionarán las cosas malas. Cuanto deben sus seguidores es hacer prevalecer la estela buena, y eso no se logrará sin tropiezos. Lo que deben tener presentes es que 25 personas vociferando frente a un restaurante en Nueva York no determinan unas elecciones. Nelsonencar@gmail.com

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